Diseñada en 1961 y ejecutada por la empresa Agustín Goig, de Alcira (Valencia), esta estructura de ladrillo macizo alcanza los 40 metros de altura. Su base cuadrada, que evoluciona a forma octogonal a partir de los cinco metros, junto a sus anillos superiores de refuerzo, no solo respondía a una función técnica —la evacuación de humos de la caldera de vapor — sino que también dibuja una silueta inconfundible en el cielo de Villa del Río. Una silueta que todos reconocemos. Una silueta que sentimos como nuestra.
Porque esta chimenea no es solo arquitectura. Es paisaje. Es recuerdo. Es identidad villarrense.
Durante décadas, formó parte del complejo industrial vinculado a la antigua empresa Rodríguez Hermanos S.A., posteriormente Monterreal. Hoy, el entorno ha cambiado: el terreno ha sido transformado y ocupado por una gran superficie comercial, integrándose la chimenea en la actual zona de aparcamiento. Y, aun así, sigue en pie. Visible. Presente. Resistiéndose al olvido.
Y eso —hay que decirlo claro— es una buena noticia.
Porque no siempre hemos sabido conservar lo nuestro. La demolición en 2020 de una chimenea más antigua, datada en 1922, se suma a pérdidas anteriores, como la desaparición en la década de los años noventa de la chimenea de la fábrica Oleum. Cada una de esas ausencias dejó un vacío en nuestro paisaje… y en nuestra memoria colectiva.
Por eso, hoy más que nunca, esta chimenea de 1962 no es solo un vestigio: es un símbolo. Un recordatorio de lo que fuimos capaces de construir y de lo que aún estamos a tiempo de proteger.
Que hoy siga en pie, integrada en un nuevo espacio, es también una oportunidad. Una oportunidad para demostrar que el progreso no tiene por qué borrar la historia. Que el desarrollo puede convivir con la memoria. Que Villa del Río puede crecer sin renunciar a lo que la hace única.
Ahora toca dar un paso más. Cuidarla. Señalizarla. Contarla. Defenderla.
Porque esta chimenea no sobra: representa.
Representa a un pueblo trabajador. Representa una etapa clave de nuestro desarrollo. Representa un paisaje que no se entiende sin ella.
Villa del Río no puede permitirse perder más piezas de su historia. Y esta, la que aún nos mira desde lo alto, merece quedarse.
La chimenea sigue en pie.
Que también lo haga el compromiso de todo un pueblo.