Rafael Arenas sitúa la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río como una cita necesaria para recuperar la memoria ambiental

El biólogo, educador ambiental y referente andaluz en conservación participará el 28 de junio en una jornada que reunirá a grandes expertos para acercar la biodiversidad, el territorio y los retos ambientales a toda la comarca.

18 de junio de 2026 a las 10:59h
Actualizado: 18 de junio de 2026 a las 12:55h
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Rafael Arenas advierte de una realidad que afecta de lleno al medio rural: la pérdida de nombres, usos, saberes y referencias ligadas al paisaje. Foto: Rafael Arenas.
Rafael Arenas advierte de una realidad que afecta de lleno al medio rural: la pérdida de nombres, usos, saberes y referencias ligadas al paisaje. Foto: Rafael Arenas.

Villa del Río continúa reforzando la promoción de la I Bienal de Medio Ambiente, una cita que aspira a convertirse en un referente para la comarca del Alto Guadalquivir cordobés y que celebrará su primera jornada el próximo 28 de junio de 2026, de 09:00 a 14:15 horas, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Villa del Río.

Bajo el lema “La divulgación ambiental como herramienta de transformación social”, la Bienal nace con una filosofía clara: acercar el conocimiento ambiental a la ciudadanía, impulsar la conciencia colectiva y poner en valor la importancia de proteger el patrimonio natural desde lo local. Las personas interesadas en asistir pueden realizar la preinscripción a través del teléfono 670 21 83 04.

Uno de los grandes valores de esta primera edición será la calidad de sus ponentes. Villa del Río ha reunido una selección de expertos con trayectorias consolidadas en la conservación, la investigación, la divulgación, la educación ambiental y la gestión del medio natural. No se trata solo de ofrecer una jornada informativa, sino de acercar al público voces con experiencia real, conocimiento profundo y capacidad para interpretar los grandes desafíos ambientales actuales.

Entre esos ponentes destaca Rafael Arenas González, licenciado en Ciencias Biológicas y máster en Medio Ambiente y Educación Ambiental. Su trayectoria está ligada desde hace décadas a la gestión pública, la conservación de especies amenazadas, la protección de espacios naturales y la educación ambiental. Su perfil representa una mirada especialmente valiosa para esta Bienal: la de quien ha vivido desde dentro la evolución de las políticas ambientales, los avances conseguidos y los retos que aún siguen pendientes.

El lince ibérico una de las especies emblemáticas del monte mediterráneo que ha abandonado la categoría "en peligro crítico" para pasar a especie "vulnerable" fruto del esfuerzo de la sociedad. Foto: Rafael Arenas.
El lince ibérico una de las especies emblemáticas del monte mediterráneo que ha abandonado la categoría "en peligro crítico" para pasar a especie "vulnerable" fruto del esfuerzo de la sociedad. Foto: Rafael Arenas. 

La presencia de Rafael Arenas en Villa del Río refuerza el carácter ambicioso de la Bienal. Su experiencia permitirá conectar los grandes debates ambientales con la realidad concreta de los pueblos, del río, del paisaje agrícola y de la comarca. Una mirada necesaria en un territorio donde la relación con la naturaleza no es abstracta, sino diaria, cercana y profundamente vinculada a la identidad local.

Para Arenas, la divulgación ambiental tiene una capacidad real para cambiar actitudes. No la entiende como una actividad secundaria, sino como una herramienta poderosa para transformar la percepción social del medio ambiente. “La divulgación es una herramienta muy fuerte para cambiar actitudes con respecto al medio ambiente o la conservación de la naturaleza”, afirma.

El quebrantahuesos tras su desaparición en 1986 vuelve a volar en Andalucía gracias la proyecto de reintroducción. Foto Rafael Arenas.
El quebrantahuesos tras su desaparición en 1986 vuelve a volar en Andalucía gracias al proyecto de reintroducción. Foto: Rafael Arenas. 

Esa idea conecta directamente con el espíritu de la I Bienal. Villa del Río quiere que esta cita sirva para informar, emocionar y movilizar, pero también para recuperar una relación más consciente con el entorno. Según Rafael Arenas, uno de los grandes problemas actuales es la pérdida progresiva de la memoria colectiva sobre el territorio: cómo era el paisaje, qué usos tenía, qué conocimientos ecológicos manejaban las generaciones anteriores y qué vínculos se han ido rompiendo con el paso del tiempo.

El biólogo recuerda que cada generación puede perder una parte de esa memoria si no se adoptan medidas para conservarla y transmitirla. El ejemplo del río Guadalquivir resulta especialmente significativo. Arenas señala que su generación llegó a bañarse en el río, mientras que muchos jóvenes actuales ni siquiera pueden imaginar esa experiencia como parte de su horizonte cotidiano.

El buitre negro, antaño en peligro de extinción, hoy es una  vulnerable y que podría considerarse en la categoría "casi amenazada". El abandono de su seguimiento en 2020 impide conocer con seguridad su status actual. Foto Rafael Arenas.
El buitre negro, antaño en peligro de extinción, hoy es una especie vulnerable que podría considerarse en la categoría "casi amenazada". El abandono de su seguimiento en 2020 impide conocer con seguridad su estatus actual. Foto: Rafael Arenas. 

Esa reflexión convierte la Bienal en algo más que una jornada ambiental. La convierte en un espacio para recuperar preguntas esenciales: qué relación queremos tener con el río, qué paisaje estamos dejando a las nuevas generaciones y qué papel debe jugar la educación ambiental para no perder la memoria del territorio.

Rafael Arenas advierte de una realidad que afecta de lleno al medio rural: la pérdida de nombres, usos, saberes y referencias ligadas al paisaje. “En apenas dos o tres generaciones pueden perderse los nombres tradicionales de parajes, fuentes, veredas, bancales o sistemas de riego”, explica. A este fenómeno lo define como una auténtica “erosión de la memoria territorial”.

Esa expresión resume uno de los mensajes más potentes de su intervención. Cuando una sociedad olvida cómo era su territorio, también pierde capacidad para comprender lo que ha cambiado, lo que se ha deteriorado y lo que debería protegerse. Por eso, iniciativas como la I Bienal de Medio Ambiente son fundamentales en pueblos como Villa del Río: ayudan a reconstruir el vínculo entre la ciudadanía, el paisaje y la biodiversidad.

El Alto Guadalquivir cordobés es una comarca marcada por el río, el medio rural, los cultivos, las riberas y una relación histórica con el territorio. Que Villa del Río lidere una iniciativa ambiental ambiciosa no es casual. Es una apuesta coherente con su identidad y con la necesidad de que los pueblos sean protagonistas en la defensa del medio natural.

En palabras de Arenas, los municipios y las comarcas rurales deben asumir un papel central porque desde lo local se puede transformar mucho más de lo que parece. “Hay un lema que dice que hay que pensar globalmente y actuar localmente”, recuerda. Y esa idea encaja plenamente con la filosofía de la Bienal: hablar de grandes retos ambientales, sí, pero desde el pueblo, desde la comarca y desde las decisiones cotidianas.

La trayectoria de Rafael Arenas también permite mirar con perspectiva los avances conseguidos en Andalucía en materia de conservación. Recuerda que hoy existe una red de espacios naturales protegidos ampliamente asumida por la sociedad, una realidad que no surgió de la nada, sino que fue construyéndose durante décadas. También destaca el papel de Europa y de normativas como la Directiva de Hábitats en el aumento de la superficie protegida.

En el caso de Córdoba, subraya que una parte muy significativa del territorio cuenta ya con alguna figura de protección. Este avance demuestra que la conservación puede generar resultados cuando existe planificación, conocimiento técnico y voluntad política. Sin embargo, también advierte de que no todos los ecosistemas han recibido la misma atención.

Arenas reconoce avances importantes en especies que en los años ochenta se encontraban en situaciones muy delicadas, como la malvasía, el calamón, el martinete o la cerceta pardilla. También menciona el progreso en la conservación de especies forestales emblemáticas como el lince, el quebrantahuesos o el buitre negro. Pero frente a esos logros, alerta de una gran asignatura pendiente: los sistemas agrícolas.

“Mientras tanto se le dio la espalda a los sistemas agrícolas y la pérdida de biodiversidad es muy grande”, advierte. Para Rafael Arenas, este es uno de los grandes retos ambientales actuales en Andalucía y en territorios como Córdoba. La caída de insectos, polinizadores y aves ligadas a los medios agrarios muestra una transformación profunda y preocupante del paisaje.

El biólogo utiliza una imagen muy reconocible para explicar esta pérdida: el llamado “efecto parabrisas”. Hace décadas, tras un viaje por carretera, los cristales de los coches quedaban cubiertos de insectos. Hoy, esa imagen prácticamente ha desaparecido. Para Arenas, este cambio cotidiano revela una realidad de enorme gravedad: la disminución silenciosa de insectos y, con ellos, de una parte esencial de la cadena alimentaria.

Los insectos polinizadores han caído de forma brusca en las últimas décadas. Foto: Rafael Arenas.
Los insectos polinizadores han caído de forma brusca en las últimas décadas. Foto: Rafael Arenas. 

“Hoy ese efecto conocido como ‘efecto parabrisas’ ya no se da y apenas impactan los insectos sobre el cristal delantero del coche”, señala. Esta pérdida no es anecdótica. Afecta a los polinizadores, a las aves agrícolas y al equilibrio general de los ecosistemas. Por eso habla de una “extinción silenciosa” que avanza sin hacer ruido, pero con consecuencias profundas.

En su análisis, el sistema agrícola actual supone uno de los grandes desafíos para la conservación. Rafael Arenas defiende que existen medidas posibles para revertir parte de esta situación, muchas de ellas relacionadas con la recuperación de barbechos, márgenes de caminos y vegetación florícola que favorezca a los polinizadores. Eso sí, insiste en que las soluciones no deben recaer injustamente sobre los agricultores, sino formar parte de una estrategia equilibrada, apoyada y viable.

“Existe suficiente conocimiento científico para adoptar algunas medidas”, afirma. Entre ellas, propone considerar los barbechos como infraestructuras ambientales esenciales y recuperar espacios de vegetación que ayuden a la biodiversidad y también a la propia agricultura.

La Bienal de Villa del Río quiere precisamente abrir este tipo de conversaciones: cómo conservar mejor, cómo producir de forma más sostenible, cómo cuidar el río, cómo recuperar biodiversidad y cómo hacer que la ciudadanía comprenda que el medio ambiente no es una preocupación lejana, sino una cuestión ligada a la salud, la economía y el futuro de los pueblos.

Otro de los grandes retos que Rafael Arenas señala es el cambio climático. Advierte de escenarios preocupantes en el horizonte 2030 y 2050, con disminución de precipitaciones, fenómenos extremos, olas de calor más largas y noches tropicales más frecuentes. Ante esta realidad, considera imprescindible acelerar una transición energética bien planificada y preparar pueblos y ciudades para evitar que se conviertan en islas de calor.

En ese contexto, introduce una propuesta muy visual y comprensible: la regla 3-30-300. Según explica, cada habitante debería poder ver al menos tres árboles desde su ventana, el 30% de la superficie urbana debería estar cubierta por sombra de árboles y cada ciudadano debería tener un parque o jardín de al menos una hectárea a unos 300 metros de distancia.

Vista Bembezar desde Los Angeles. En la actualidad más del 30% de la superficie de la provincia de Córdoba se encuentra protegida. Una vista del Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos. Foto Rafel Arenas.
Vista del Río Bembézar desde Los Angeles. En la actualidad más del 30% de la superficie de la provincia de Córdoba se encuentra protegida. Una vista del Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos. Foto Rafel Arenas. 

Esta idea encaja especialmente bien con los objetivos de la Bienal, porque traduce el cambio climático a decisiones concretas de urbanismo, salud y calidad de vida. Hablar de medio ambiente no es solo hablar de espacios naturales lejanos, sino también de calles con sombra, pueblos habitables, parques bien diseñados y presencia de especies mediterráneas en los entornos urbanos.

La educación ambiental ha sido otra de las grandes líneas de trabajo en la trayectoria de Rafael Arenas. En los programas de conservación de aves necrófagas, por ejemplo, destaca que una de las líneas maestras fue precisamente la educación. Durante casi veinte años se trabajó en centros escolares de municipios vinculados a estas especies para cambiar la percepción social sobre ellas.

Esa experiencia demuestra que conservar no depende únicamente de medidas técnicas. Requiere ciencia, administración, vigilancia, participación local y educación. En palabras de Arenas, “el conocimiento científico es básico para poder adoptar decisiones y acciones favorables a la conservación”. Sin esa base, aumenta el riesgo de equivocarse y de perder la complicidad de los habitantes locales.

También se refiere a la lucha contra el veneno, donde considera clave la coordinación entre Agentes de Medio Ambiente, Guardia Civil, Seprona y otros cuerpos especializados. Además, defiende que los casos y las actuaciones deben darse a conocer públicamente, porque la transparencia también ayuda a concienciar y a ganar colaboradores.

La participación de Rafael Arenas en la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río será, por tanto, una oportunidad para escuchar a una voz con experiencia directa en algunos de los grandes debates ambientales de Andalucía: la conservación de especies, los espacios protegidos, la educación ambiental, la biodiversidad agraria, el cambio climático y la memoria territorial.

Su mensaje para la Bienal resume una visión realista y comprometida de la conservación: “La conservación de la naturaleza y la mejora del medio ambiente es como una carrera de fondo, llena de obstáculos”. Una frase que recuerda que no existen soluciones inmediatas, pero sí caminos que deben recorrerse con constancia, conocimiento y responsabilidad colectiva.

Para quienes no se consideran expertos en medio ambiente, Rafael Arenas lanza una invitación clara a asistir. “No es necesario ser un experto en medio ambiente”, afirma. En su opinión, en esta jornada el público podrá encontrar respuestas a muchas de las cuestiones ambientales que nos rodean, lejos del ruido de las redes sociales y de los bulos que circulan en torno a estos temas.

La Malvasía cabeciblanca es una de las aves acuáticas más amenazadas de Europa, cuyo hábitat principal se concentra en humedales del sur de España. Foto: Rafael Arenas.
La Malvasía Cabeciblanca es una de las aves acuáticas más amenazadas de Europa, cuyo hábitat principal se concentra en humedales del sur de España. Foto: Rafael Arenas. 

Esa es una de las grandes fortalezas de la Bienal: ofrecer un espacio de conocimiento fiable, cercano y accesible, con expertos de prestigio y con una mirada pensada para el público general. Una cita para aprender, pero también para emocionarse y actuar.

Rafael Arenas defiende que la divulgación ambiental debe empezar informando con los datos que aporta la ciencia, pero debe hacerlo de manera que provoque emociones. “Hay que empezar con informar con los datos que la ciencia va obteniendo, pero hay que hacerlo para provocar emociones que es lo único que puede generar movilizaciones”, señala.

La I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río nace con esa misma voluntad. Informar, emocionar y movilizar. Acercar el conocimiento a la ciudadanía. Reconocer el valor del río, del paisaje, de la biodiversidad y de la memoria ambiental. Y demostrar que desde un pueblo se puede construir una propuesta de alto nivel, abierta a toda la comarca.

El propio Rafael Arenas recuerda que todos compartimos una responsabilidad común. “Todos viajamos juntos en la misma nave, cada uno con su responsabilidad”, afirma. Esa idea resume muy bien la necesidad de sumar esfuerzos entre científicos, periodistas, escritores, asociaciones, instituciones y ciudadanía.

Villa del Río ha querido que esta primera Bienal cuente precisamente con esa pluralidad de miradas. La selección de ponentes demuestra una apuesta seria por la calidad, el conocimiento y la experiencia. Grandes expertos que no solo hablarán de medio ambiente, sino que ayudarán a comprender por qué la conservación es una cuestión esencial para el presente y el futuro de la comarca.

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La cita será el 28 de junio de 2026, de 09:00 a 14:15 horas, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Villa del Río. La preinscripción está disponible en el teléfono 670 21 83 04.

La I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río invita a toda la comarca a participar en una jornada de reflexión, aprendizaje y compromiso. Una oportunidad para escuchar a expertos de primer nivel, recuperar la memoria ambiental y recordar que proteger la naturaleza empieza por conocerla, comprenderla y actuar desde lo cercano.

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