Villa del Río continúa preparando la I Bienal de Medio Ambiente, una cita llamada a convertirse en un referente de divulgación ambiental para la comarca del Alto Guadalquivir cordobés. La primera jornada se celebrará el próximo 28 de junio de 2026, de 09:00 a 14:15 horas, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Villa del Río, bajo el lema “La divulgación ambiental como herramienta de transformación social”.
La Bienal nace con una vocación clara: acercar el conocimiento ambiental al público general, crear conciencia, poner en valor el territorio y demostrar que la ciencia, la literatura, la educación y la conservación pueden caminar juntas. Las personas interesadas en asistir pueden realizar la preinscripción a través del teléfono 670 21 83 04.
Uno de los grandes valores de esta primera edición será la calidad de los ponentes seleccionados. Villa del Río reunirá a voces expertas con trayectorias consolidadas en la investigación, la conservación, la divulgación científica, la literatura de naturaleza y la educación ambiental. Esta selección refuerza la importancia de una Bienal que no pretende ser una actividad más, sino una cita de alto nivel abierta a toda la ciudadanía.
Entre esos expertos se encuentra José Manuel Guerrero Casado, biólogo, doctor en Recursos Naturales y Gestión Sostenible, profesor e investigador del Departamento de Zoología de la Universidad de Córdoba. Su trayectoria está vinculada al estudio de la fauna silvestre, la ecología animal, la biodiversidad y la conservación en paisajes transformados por la actividad humana.
Además de su labor académica e investigadora, Guerrero Casado destaca por su compromiso divulgativo. Su obra Las víboras no cuelgan de los árboles aborda mitos, miedos y falsas creencias sobre la fauna, con el objetivo de ofrecer información veraz y ayudar a comprender mejor la importancia ecológica de muchas especies que tradicionalmente han sido rechazadas o perseguidas.

Su presencia en la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río representa una oportunidad excepcional para acercar al público una mirada científica, rigurosa y cercana sobre la fauna silvestre. Una mirada especialmente necesaria en una época en la que la desinformación, los bulos y los discursos simplificados circulan con enorme facilidad.
Para José Manuel Guerrero Casado, la ciencia no puede quedarse encerrada en los ámbitos especializados. Su utilidad real aparece cuando llega a la sociedad y a los colectivos implicados en la gestión del territorio. Por eso defiende con claridad que “el conocimiento científico nunca se puede quedar dentro del círculo académico y necesita expandirse a la sociedad en general”.
Esa idea conecta plenamente con el espíritu de la Bienal. Villa del Río quiere que esta jornada sirva para abrir puertas, acercar la investigación al público y demostrar que los grandes temas ambientales también deben explicarse desde un lenguaje comprensible para todos. La ciencia solo transforma cuando se comunica bien.
Guerrero Casado insiste en que la transferencia de conocimiento tiene hoy una función especialmente importante: combatir la desinformación. “Esta transferencia de conocimiento ayuda a combatir los bulos y las noticias falsas que, desafortunadamente, son tan frecuentes hoy en día”, señala.
En un contexto en el que cualquier persona puede recibir información contradictoria sobre cambio climático, biodiversidad, fauna silvestre o conservación, contar con expertos como él es uno de los grandes aciertos de la Bienal. Su participación aporta rigor científico y, al mismo tiempo, una voluntad clara de acercar ese conocimiento a quienes no tienen formación especializada.
La I Bienal de Medio Ambiente se plantea precisamente como una jornada para todos los públicos. No es un congreso científico cerrado, sino un espacio de divulgación pensado para vecinos, familias, estudiantes, docentes, asociaciones, amantes de la naturaleza y personas curiosas que quieran aprender más sobre el entorno que les rodea.
El propio José Manuel Guerrero Casado lo explica de forma directa al animar a la ciudadanía a asistir: “No se trata de un congreso científico, sino de unas jornadas divulgativas para acercar el conocimiento científico a la sociedad a través de la literatura, de una manera accesible a todos los públicos”.
Ese mensaje resulta clave para promocionar la Bienal. No hace falta ser experto en medio ambiente para participar. Basta con tener interés, curiosidad y ganas de comprender mejor la biodiversidad, los paisajes, la fauna y los retos ambientales actuales. Como señala el propio ponente, “solo es necesario tener interés por la temática y ganas de aprender”.
Uno de los grandes temas que José Manuel Guerrero Casado pondrá sobre la mesa es la importancia de conservar la biodiversidad en paisajes profundamente transformados por el ser humano. Durante mucho tiempo, la conservación se ha asociado principalmente a montañas, bosques o espacios naturales protegidos. Sin embargo, los entornos agrícolas, urbanos y humanizados también son esenciales para muchas especies.
El investigador lo resume con una reflexión muy clara: “El gran reto empieza por darle la importancia que se merecen a los paisajes agrícolas y otros más humanizados”. Esta afirmación tiene especial sentido en una comarca como el Alto Guadalquivir cordobés, donde el territorio agrícola, los pueblos, las riberas y los espacios transformados forman parte de la vida cotidiana.
Para Guerrero Casado, si no se conservan mínimamente estos hábitats, muchas especies acabarán desapareciendo. Su visión obliga a ampliar la mirada: la biodiversidad no está solo en espacios lejanos o protegidos, sino también en los campos, los márgenes, los cultivos, los pueblos y los paisajes cotidianos.
Por eso, considera necesario impulsar programas de restauración ecológica en zonas agrícolas, siempre buscando el equilibrio con la producción. La conservación no debe plantearse como una realidad enfrentada al territorio, sino como una herramienta para hacerlo más sano, más equilibrado y más sostenible.
En ese proceso, la comunicación vuelve a ser fundamental. Guerrero Casado advierte de que, si la sociedad y los agentes implicados no comprenden bien la necesidad de estos programas, difícilmente los apoyarán. La conservación necesita conocimiento científico, pero también apoyo social.
Otra de las aportaciones más valiosas de este ponente tiene que ver con los mitos y falsas creencias sobre la fauna. En su obra Las víboras no cuelgan de los árboles, aborda precisamente esos relatos populares que han acompañado durante generaciones a serpientes, rapaces y otras especies silvestres.
Su enfoque no consiste en despreciar la cultura rural, sino en diferenciar entre folclore y conocimiento científico. Para él, muchos mitos forman parte de la memoria popular y pueden conservarse como seña de identidad. El problema aparece cuando se interpretan literalmente y se convierten en una justificación para rechazar o perseguir a determinadas especies.
“Estos mitos y falsas creencias deben permanecer como parte del folclore y la cultura popular del mundo rural”, explica. Sin embargo, añade que el conflicto surge cuando esos relatos “se convierten en hechos probados, desembocando en actitudes en contra de la conservación de estas especies”.
Esta reflexión es especialmente importante para una Bienal que quiere unir ciencia, cultura y territorio. La divulgación ambiental debe ser capaz de respetar la memoria popular, pero también de actualizarla con información rigurosa. No se trata de borrar el patrimonio oral de los pueblos, sino de evitar que los miedos heredados se transformen en daño para la fauna.
Las consecuencias de esos miedos pueden ser muy graves. Guerrero Casado advierte de que muchas especies han sido perseguidas y eliminadas por ser consideradas peligrosas o dañinas, cuando en realidad cumplen funciones ecológicas esenciales.
“La consecuencia negativa más evidente es la persecución y muerte”, afirma. Y recuerda que muchos de estos animales son inofensivos si no se les perturba y forman parte del correcto funcionamiento de los ecosistemas.

Este mensaje encaja especialmente bien con la necesidad de educar desde edades tempranas y de ofrecer información fiable a la ciudadanía. La fauna silvestre no debe observarse desde la superstición, sino desde el respeto y el conocimiento. Entender el papel ecológico de cada especie ayuda a reducir el miedo y favorece actitudes más responsables.
La Bienal de Villa del Río quiere precisamente abrir ese espacio de aprendizaje. En una comarca donde la relación con el medio rural es directa, resulta fundamental hablar de biodiversidad de una manera clara, cercana y útil. La protección de la naturaleza no puede depender solo de normas o sanciones; necesita una ciudadanía informada y consciente.
José Manuel Guerrero Casado defiende que una sociedad mejor informada está mejor preparada para tomar decisiones personales y colectivas. Y añade que esa información es imprescindible para que los programas de conservación de especies amenazadas cuenten con apoyo social.
Como ejemplo, menciona las aves carroñeras. Si no se hubiera explicado su preocupante estado de conservación y su papel ecológico insustituible, probablemente muchos programas de conservación habrían fracasado por falta de apoyo económico y social. Esta reflexión demuestra hasta qué punto la divulgación puede influir en la protección real de las especies.
La I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río nace, por tanto, en un momento en el que la divulgación resulta más necesaria que nunca. No solo para informar, sino para crear confianza, combatir bulos y generar una nueva cultura ambiental basada en fuentes rigurosas.
Preguntado por la responsabilidad de científicos, periodistas, escritores, asociaciones e instituciones, Guerrero Casado es claro: “Tenemos mucha responsabilidad, ya que en esta era de la desinformación en la que vivimos necesitamos que la sociedad confíe en nosotros”. Esa confianza se construye con rigor, transparencia y capacidad de comunicar de forma accesible.
El investigador también reflexiona sobre el papel de los pueblos y las comarcas rurales en la defensa de la biodiversidad. Para él, por su cercanía y contacto con el medio natural, estos territorios son actores clave. No se puede diseñar la conservación de espaldas a quienes viven en el territorio.
“Por su cercanía y contacto con el medio natural son actores clave”, afirma. Por eso considera necesario involucrar más a los pueblos en los programas de conservación, escuchar su opinión y conocer el grado de aceptación de las medidas que se plantean.
Esta idea conecta directamente con la apuesta de Villa del Río. La Bienal demuestra que los pueblos no solo pueden ser escenario de actividades ambientales, sino protagonistas de una nueva forma de entender la conservación. Desde lo local se puede generar conocimiento, conciencia y compromiso para toda la comarca.
Guerrero Casado advierte también de una visión cada vez más extendida que percibe el medio natural únicamente como un espacio para producir alimentos u obtener recursos. Frente a ello, defiende la importancia de que exista en los pueblos y comarcas rurales una masa crítica capaz de valorar la biodiversidad local.
“Tener una masa crítica en los pueblos y comarcas rurales que también valore la biodiversidad local es fundamental para asegurar su conservación”, señala.
Ese es precisamente uno de los grandes objetivos de la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río: ayudar a construir esa masa crítica. Personas informadas, sensibles, curiosas y comprometidas con su entorno. Ciudadanos que entiendan que la biodiversidad no es un lujo, sino una parte esencial de la calidad de vida, la salud ambiental y el futuro de los municipios.
En cuanto al papel de la divulgación, José Manuel Guerrero Casado defiende que debe informar de manera veraz, pero sin renunciar a despertar emociones. La emoción puede aumentar la sensibilidad ante los problemas ambientales, siempre que esté apoyada en la verdad y no en relatos manipulados.
“El principal objetivo de la divulgación ambiental debería ser informar de una manera veraz, pero es perfectamente compatible con despertar emociones”, explica. Y advierte de los riesgos de hacerlo al revés, generando emociones sin preocuparse por la veracidad del mensaje.
Esta reflexión resulta especialmente importante para una Bienal que quiere combinar ciencia, literatura y comunicación. Emocionar sí, pero desde el rigor. Divulgar sí, pero desde fuentes fiables. Movilizar sí, pero con conocimiento.
La presencia de José Manuel Guerrero Casado refuerza la calidad de una programación que reconoce la importancia de contar con grandes expertos. Su perfil aporta una combinación especialmente valiosa: experiencia investigadora, conocimiento sobre fauna silvestre, sensibilidad hacia los paisajes rurales y capacidad para desmontar bulos desde la divulgación científica.
Villa del Río tendrá la oportunidad de escuchar a un ponente que invita a mirar de nuevo a la fauna que muchas veces se teme, se ignora o se interpreta mal. Un experto que recuerda que la conservación empieza por entender, que la ciencia debe estar al servicio de la sociedad y que los pueblos tienen un papel decisivo en el futuro de la biodiversidad.

La cita será el 28 de junio de 2026, de 09:00 a 14:15 horas, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Villa del Río. La preinscripción está disponible en el teléfono 670 21 83 04.
Villa del Río invita a toda la comarca a participar en una Bienal que une ciencia, naturaleza, literatura y compromiso. Una oportunidad para escuchar a grandes expertos, combatir bulos, descubrir el valor de la fauna silvestre y comprender que proteger la biodiversidad empieza por conocerla.