Villa del Río continúa avanzando hacia una cita que aspira a marcar un antes y un después en la divulgación ambiental de la comarca del Alto Guadalquivir cordobés. La I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río, que celebrará su primera jornada el próximo 28 de junio de 2026, de 09:00 a 14:15 horas, en el Salón de Actos del Ayuntamiento, nace bajo el lema “La divulgación ambiental como herramienta de transformación social”.
La jornada quiere acercar la naturaleza a la ciudadanía desde la ciencia, la literatura, la experiencia de campo, la emoción y el compromiso. Para ello, contará con una cuidada selección de ponentes de gran trayectoria, perfiles capaces de unir conocimiento, sensibilidad y capacidad divulgativa. La Bienal no solo reunirá voces expertas, sino que pondrá a disposición de Villa del Río y de toda la comarca un encuentro de alto nivel, abierto a cualquier persona interesada en mirar de otra forma el medio natural.
Las personas interesadas en asistir pueden realizar la preinscripción a través del teléfono 670 21 83 04.
Entre los protagonistas de esta primera edición estará Carlos Lozano Robledo, licenciado en Ciencias Biológicas, observador de aves, divulgador ornitológico y docente en secundaria y bachillerato. Procedente de Madrid, su trayectoria combina la mirada científica con la narrativa, la experiencia viajera y la capacidad de convertir la observación de aves en una forma de comprender el mundo.

Autor de obras como Pajarero, Biometría de un encuentro, ¡Por todos los escribanos hortelanos! Una fábula de un zarapito fino en busca de un cisne negro y Cuando en lo alto, Lozano representa muy bien el espíritu de esta Bienal: traducir la naturaleza a un lenguaje cercano, emocionante y comprensible, sin perder rigor ni profundidad.
Su presencia en Villa del Río refuerza el valor de una programación que reconoce la importancia de contar con expertos capaces de comunicar desde la experiencia real. No se trata únicamente de hablar de medio ambiente, sino de generar una conexión más profunda con aquello que se quiere conservar.
Carlos Lozano lo expresa con claridad al explicar por qué es tan importante contar la naturaleza de una forma cercana: “Para conservar hay que valorar lo que se conserva y comprender la necesidad de su preservación”. En su opinión, el científico, el biólogo de campo o el escritor de literatura de naturaleza ya están convencidos de la importancia del medio natural, pero el gran reto está en llegar a quienes no comprenden todavía su utilidad o su valor.
Por eso, defiende que la divulgación debe hablar el idioma de la ciudadanía. “O lo hacemos en su mismo idioma y en el contexto adecuado, es decir, de una forma cercana, o estaremos perdiendo tiempo y dinero”, afirma. Esta idea conecta directamente con el objetivo de la Bienal: acercar el conocimiento ambiental a personas de todas las edades y perfiles, sin exigir experiencia previa ni conocimientos técnicos.

Villa del Río quiere que esta cita no sea un evento cerrado para especialistas, sino una jornada abierta, viva y participativa. Una oportunidad para que vecinos, familias, estudiantes, asociaciones, docentes, amantes de la naturaleza y personas curiosas puedan escuchar a grandes expertos sin salir de la comarca.
Para Carlos Lozano, el hecho de que esta iniciativa nazca en un pueblo tiene un valor especial. Considera que la conciencia conservacionista debe partir precisamente del medio rural, porque es ahí donde la relación con el territorio es más directa y cotidiana. “Los esfuerzos para generar una consciencia conservacionista deben nacer en el medio rural, pues representa el contexto iniciático correcto”, señala.
Su reflexión pone en valor el papel de Villa del Río y de los municipios del Alto Guadalquivir como espacios capaces de liderar una nueva cultura ambiental. La conservación no puede construirse únicamente desde despachos, laboratorios o grandes ciudades. Necesita también el compromiso de quienes conviven cada día con el río, los campos, las aves, los paisajes y los ecosistemas cercanos.
En ese sentido, Lozano insiste en que la implicación de los vecinos es fundamental para que el mensaje ambiental pueda crecer y expandirse. “La implicación de los habitantes del municipio es un paso fundamental para que exista una expansión del mensaje, con los propios vecinos como vector, a otros municipios a nivel comarcal”, explica.
Esa es una de las grandes aspiraciones de la I Bienal de Medio Ambiente: que Villa del Río se convierta en punto de partida de una conversación más amplia sobre biodiversidad, territorio y futuro. Una conversación que no se quede en el día del evento, sino que se extienda a la comarca y ayude a fortalecer el vínculo entre ciudadanía y naturaleza.
La trayectoria de Carlos Lozano está muy ligada a las aves, pero su mirada va más allá de la observación ornitológica. Para él, las aves son una puerta de entrada al conocimiento del medio natural, un vértice visible de un sistema mucho más amplio. “Las aves son solo un vértice del poliedro natural”, explica, aunque reconoce que tienen una capacidad especial para despertar fascinación.
Esa fascinación nace, en parte, de su presencia constante en cualquier lugar del planeta. Las aves acompañan al ser humano en entornos urbanos, agrícolas, forestales, marinos o de montaña. Están ahí durante todo el año, en todos los paisajes, y además poseen un componente simbólico muy poderoso: el viaje.
“Presentan migraciones y el concepto del viaje tiene tanto la aventura como cierto romanticismo asociado”, señala Lozano. Esa mezcla de ciencia, belleza, movimiento y emoción explica por qué la observación de aves ha generado una comunidad tan amplia y apasionada en todo el mundo.

En su libro Pajarero, el autor convierte la observación de aves en una experiencia vital, viajera y literaria. No se limita a describir especies, sino que relata vivencias, recorridos, encuentros y emociones. Esa forma de narrar encaja perfectamente con la filosofía de la Bienal: la naturaleza también se puede contar desde la experiencia, desde la literatura y desde aquello que conmueve.
Lozano reconoce que resulta difícil explicar por qué tantas personas observan aves de forma sistemática, pero identifica un elemento común: la pasión. “Hay un componente pasional y altruista que me fascina”, afirma.
Esa pasión también aparece en Biometría de un encuentro, obra en la que retrata a 40 observadores de aves junto a sus vivencias, emociones y formas de entender esta actividad. A través de esos perfiles, Lozano se aproxima no solo al mundo de la ornitología, sino también a la condición humana de quienes convierten la observación en parte esencial de su vida.
“Si hay algo común en las 40 pajareras y pajareros retratados en Biometría de un encuentro es la pasión que demuestran”, señala. Una pasión que, en algunos casos, llega a ser vital. El propio autor reconoce que muchos de ellos tendrían serios problemas personales si tuvieran que renunciar a la observación de aves.
Pero esa creciente afición por la naturaleza también plantea responsabilidades. La observación de aves vive un momento de interés cada vez mayor, y precisamente por eso resulta necesario hablar de ética, respeto y formación. Disfrutar del medio natural no debe convertirse en una presión añadida sobre las especies o los espacios que se visitan.
Carlos Lozano lo plantea con sensatez: “Disfrutar de la observación de aves de una forma prácticamente inocua depende de la formación, de la experiencia y de pura sensatez”. Por ello, recomienda que las personas que se inician en esta actividad lo hagan acompañadas por guías profesionales cuando tengan dudas, para aprender a interpretar el territorio, conocer las especies y respetar las reglas básicas de comportamiento en la naturaleza.
Esta visión responsable es especialmente importante en una Bienal que no solo quiere despertar interés, sino también promover una relación más madura con el entorno. La divulgación ambiental no debe quedarse en la admiración de la belleza natural; debe ayudar a comprender cómo actuar sin dañar aquello que se admira.
Uno de los mensajes más poderosos de Carlos Lozano tiene que ver con el papel de la emoción. Frente a una época en la que la ciencia ofrece datos cada vez más claros sobre la pérdida de biodiversidad, el cambio climático o la degradación de los ecosistemas, el divulgador considera que los datos por sí solos no siempre son suficientes para movilizar a la sociedad.
“La ciencia no para de informar, con datos contrastados y tozudos, pero cada día existen más negacionistas”, advierte. Por eso, plantea una secuencia muy clara para la divulgación ambiental: “Emocionar, informar, y luego movilizar”.
Esa idea resume buena parte del sentido de la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río. La jornada quiere informar, pero también emocionar. Quiere ofrecer conocimiento, pero también despertar una conciencia de pertenencia. Quiere que las personas salgan sabiendo más, pero sobre todo mirando de otra manera el territorio que les rodea.
Lozano lo expresa con una frase que podría servir como declaración de intenciones de su participación en la Bienal: “Cuando se toca fibra y se despiertan emociones en un lector, un espectador o un oyente, la posibilidad de alcanzar una consciencia de pertenencia es mucho más realista”.
Esa consciencia de pertenencia es clave. Porque la naturaleza no es algo ajeno, distante o decorativo. Forma parte de la vida cotidiana, de la salud de los pueblos, de la identidad del territorio y de las oportunidades de futuro. En el caso de Villa del Río, esta idea cobra aún más fuerza por su vinculación con el Guadalquivir, la ribera y el paisaje natural de la comarca.
Preguntado por lo que diría a una persona que no se considera experta en medio ambiente para animarla a asistir, Carlos Lozano es claro: no hace falta tener conocimientos previos. “Yo no voy a hablar de medioambiente, ni la participación va a requerir de ninguna experiencia previa”, afirma. Su intención es compartir situaciones vividas en la naturaleza que le han emocionado y que le han ayudado a comprender “el enorme poder que tiene un ecosistema bien conservado”.
Ese enfoque hace que su ponencia sea especialmente atractiva para el público general. No será una charla cerrada ni reservada para especialistas, sino una invitación a entrar en la naturaleza desde la emoción, la experiencia y el relato.
La selección de expertos de esta I Bienal es una de sus grandes fortalezas. Villa del Río ha apostado por ponentes con trayectorias sólidas, voces reconocidas y perfiles capaces de conectar distintas disciplinas: ciencia, literatura, fotografía, periodismo, conservación y educación ambiental. Carlos Lozano forma parte de ese grupo de especialistas que aportan prestigio, conocimiento y capacidad de comunicación a una cita que quiere situar al municipio en el mapa de la divulgación ambiental.
Su participación refuerza la idea de que la conservación necesita muchas voces. Científicos, escritores, periodistas, asociaciones, instituciones y ciudadanía tienen un papel que desempeñar. “Todos los que estamos convencidos de la importancia nuclear de la conservación tenemos la responsabilidad de aportar nuestro granito de arena”, sostiene Lozano.
La Bienal de Villa del Río nace precisamente para sumar esos granitos de arena y convertirlos en una jornada de encuentro, aprendizaje y compromiso. Un espacio donde el medio ambiente deje de percibirse como un asunto lejano y pase a formar parte de la conversación diaria de la comarca.
Para Carlos Lozano, la conservación debe nacer desde lo local y expandirse desde ahí. “Si no somos capaces de convencerles y poder contar con los habitantes del medio rural, la batalla está perdida”, afirma. Una reflexión que encaja con la apuesta de Villa del Río por liderar desde el pueblo una iniciativa ambiental ambiciosa, cercana y necesaria.
La I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río será, por tanto, una oportunidad para escuchar a expertos de primer nivel, conocer nuevas formas de mirar la naturaleza y descubrir que la divulgación puede ser una herramienta real de transformación social.

Una Bienal para aprender, para mirar de nuevo el entorno y para recordar que la conservación comienza cuando sentimos que la naturaleza también forma parte de nosotros.