El torno de la barca de Villa del Río: Cuando el Guadalquivir era camino

Hubo un tiempo en que cada paso dependía del río, de una barca… y de quienes la hacían posible.

Francisco Javier Luna Mantas, Cronista de Villa del Río
30 de mayo de 2026 a las 12:36h
Actualizado: 06 de junio de 2026 a las 08:37h
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Fotografía de Antonio Córdoba
Fotografía de Antonio Córdoba

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que cruzar el río Guadalquivir en Villa del Río no era cuestión de puentes, sino de necesidad, ingenio...

Desde al menos el siglo XVII, generaciones de villarrenses dependieron de una barca para salvar el cauce del río. No era solo un medio de transporte: era una auténtica arteria de vida. Por ella cruzaban personas, ganado, mercancías y esperanzas, conectando la vega con la sierra, y enlazando caminos hacia Montoro y Fuencaliente.

El Guadalquivir no separaba. Unía.

En 1873, José María de la Vega dejó constancia de su importancia en su Memoria de Villa del Río, donde ya intuía el paso hacia una nueva era: la construcción de un puente que sustituyera aquel sistema tradicional.

Ese momento llegó en 1905 con el Puente de Hierro, símbolo del progreso y de una nueva forma de entender el territorio. Pero la historia, caprichosa, obligó a mirar atrás.

En 1937, durante la Guerra Civil, uno de los tramos del puente fue destruido. Y entonces, como tantas veces ocurre, el pasado volvió a hacerse imprescindible: la barca recuperó su protagonismo, volviendo a unir las orillas hasta la reconstrucción del puente entre 1948 y 1951.

Es en este contexto, ya en la etapa de posguerra, cuando aparece el elemento que hoy ha llegado hasta nosotros: el torno.

No formaba parte de la barca original de siglos anteriores, sino que corresponde a una fase más moderna del servicio. Se trataba de un mecanismo manual utilizado para enrollar los cables que permitían el desplazamiento de la embarcación de una orilla a otra.

Lo que hoy se conserva son sus huellas físicas: bloques triangulares de hormigón con perforaciones, situados en el antiguo camino del barco, que servían de base para este sistema.

Son restos discretos, casi desapercibidos… pero profundamente elocuentes.

Estos vestigios forman parte del patrimonio etnológico fluvial de Villa del Río. No solo hablan de una técnica o de una infraestructura, sino de una forma de vida, de una relación directa entre el ser humano y el río.

Nos hablan de esfuerzo, de adaptación, de comunidad.

De un tiempo en el que cruzar el Guadalquivir era una experiencia compartida.

Proteger el torno y la memoria de la barca no es solo conservar restos materiales. Es preservar identidad.

Es entender que estos elementos:

* Forman parte de nuestra historia cotidiana

* Pueden integrarse en rutas culturales y turísticas(está integrado en la Ruta de las Tres Culturas y la Ruta de la Ribera)

* Son recursos educativos de enorme valor

* Refuerzan el vínculo entre paisaje y memoria

Hoy cruzamos el Guadalquivir sin detenernos a pensar. Pero hubo un tiempo en que cada paso dependía del río, de una barca… y de quienes la hacían posible.

El torno, silencioso, permanece.

Como recuerdo.
Como símbolo.
Como historia viva de Villa del Río

Sobre el autor
Francisco Javier Luna Mantas, Cronista de Villa del Río
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