La aldea de Maruanas volvió a convertirse este 1 de mayo en epicentro de tradición y convivencia con la celebración de la romería en honor a San José Obrero, una cita profundamente arraigada que cada año coincide con el Día del Trabajo.
Desde primeras horas de la jornada, el núcleo rural ofrecía una estampa característica, con sus paredes encaladas y cubiertas de teja cerámica fundiéndose con el verde intenso del entorno natural. El contraste entre los troncos blanqueados, la vegetación y las flores —tanto silvestres como rosales— dibujó un paisaje singular, al que se sumaron los trajes de flamenca que llenaron de color y vida cada rincón.
La programación arrancó con las tradicionales dianas al amanecer y continuó con una chocolatada popular que reunió a vecinos y visitantes. A mediodía tuvo lugar la solemne misa romera, antesala de uno de los momentos más esperados: la procesión de San José Obrero por las calles de la aldea.
Acompañado por los sones del coro Virgen de la Cabeza y la banda de música, el cortejo procesional estuvo marcado por la implicación de la juventud, que volvió a asumir el protagonismo portando la imagen del santo. Un gesto que refleja la continuidad de una tradición que se transmite de generación en generación.
El sonido del tamboril, la música en directo y el ambiente festivo completaron una jornada en la que no faltó la convivencia entre familias, colectivos y visitantes, consolidando esta romería como uno de los encuentros más destacados del calendario festivo en el entorno de El Carpio.
Durante el día, la corporación municipal acompañó a la Asociación Nuestra Señora de Belén y al párroco en los actos organizados, reforzando el carácter institucional y participativo de la celebración.
Con sus raíces en el mundo agrícola, esta romería mantiene viva su esencia como punto de encuentro popular, donde tradición, identidad y futuro continúan caminando de la mano.