Lopera ha abierto sus Fiestas Patronales 2026 en honor a San Roque con la palabra, la música y la emoción como protagonistas. Juan José Armijo Montesinos fue el encargado este sábado, 8 de agosto, de pronunciar un pregón profundamente ligado a la religiosidad popular y a las raíces de un municipio al que aseguró sentirse unido hasta considerarse un loperano más.
El acto supuso el pistoletazo de salida a las celebraciones patronales y antecedió al traslado de San Roque, dentro de una programación que este año ha introducido cambios para situar el pregón al comienzo de las fiestas.
Mari Izquierdo presentó al pregonero
La pregonera de San Roque de 2025, Mari Izquierdo Herrador, fue la encargada de presentar a Juan José Armijo Montesinos, repasando una trayectoria marcada por el servicio a la Iglesia, la formación de jóvenes, la pastoral, el escultismo católico, la evangelización y el mundo cofrade.
Natural de Santisteban del Puerto, casado y padre de familia, Armijo ha desempeñado distintas responsabilidades en Scouts Católicos de Jaén y en el ámbito diocesano y parroquial. Su trayectoria comprende también una intensa participación en hermandades y cofradías, además de colaboraciones y publicaciones relacionadas con la Semana Santa y la religiosidad popular.
A ello se suma su experiencia como pregonero, tras haber pronunciado, entre otros, el pregón de la Semana Santa de Santisteban del Puerto en 2024 y el de la Virgen de la Capilla de Jaén y la Exaltación Misionera de Jesús Divino Maestro en 2025.

De Santisteban del Puerto a sentirse loperano
Armijo comenzó su intervención dirigiéndose directamente a San Roque, al que presentó como santo peregrino y protector de Lopera desde hace siglos. Desde los primeros versos quedó marcada una de las líneas fundamentales de su pregón: la unión entre el patrón, el pueblo y quienes mantienen viva su devoción generación tras generación.
Tras los saludos protocolarios, el pregonero quiso añadir a la presentación realizada sobre su trayectoria un dato que para él resultaba esencial: es hermano de San Roque.
Sus primeros agradecimientos estuvieron dirigidos a la Cofradía de San Roque, a su Junta de Gobierno y a su presidente, Cristino Pedrosa Expósito. También tuvo palabras para el párroco y capellán, Eugenio Casado Morente, y especialmente para el pueblo de Lopera, del que destacó la acogida recibida cada vez que regresa.
"Lo único importante que yo he hecho aquí es algo que me enseñaron mis padres", expresó antes de señalar valores como la educación, el cariño y el respeto.
Pero una parte fundamental de ese vínculo con Lopera procede de la Tuna, a cuyos integrantes agradeció los años compartidos y su defensa de una tradición que consideró especialmente arraigada en el municipio.
Seis cintas para contar Lopera
El elemento conductor elegido por Juan José Armijo para construir su pregón fue su propia capa de tuno. Sobre ella, seis cintas sirvieron para recorrer sentimientos, personas y realidades que, a juicio del pregonero, conforman la identidad de Lopera y su relación con San Roque.
Armijo comparó su capa con la del propio santo y recordó que ambas poseen esclavina, interpretada en su discurso como símbolo de servicio.
A partir de ahí fue prendiendo simbólicamente las cintas y transformando cada una en un capítulo del pregón. Detrás de ellas aparecieron los mayores, la música, la enfermedad y la esperanza, las mujeres de Lopera, el campo y la infancia.
La primera cinta, para los abuelos
La primera estuvo dedicada a los abuelos y las abuelas, a quienes situó como transmisores fundamentales de la fe y las tradiciones.
El pregonero evocó las casas de los mayores, los recuerdos familiares y aquellas generaciones que enseñaron a mirar al cielo en los momentos difíciles, rezar y acudir a la ermita de San Roque.
Recordó a los hombres y mujeres que dedicaron su vida al campo, al hogar y a sacar adelante a sus familias, dejando como herencia no solo su trabajo, sino también una manera de vivir y entender la fe.
Fue uno de los pasajes más íntimos de una intervención que convirtió la memoria familiar en memoria colectiva de Lopera.
La Tuna y una tradición que también conduce a San Roque
Otra de las cintas estuvo dedicada a la Tuna de Lopera, inseparable de la propia historia del pregonero en el municipio.
Armijo defendió la música y la tradición tunante como otra forma de acercamiento a la fe y destacó los años de dedicación de sus integrantes para mantener viva una institución que lleva el nombre de Lopera más allá de sus fronteras.
Los colores verde y amarillo adquirieron especial protagonismo en esta parte del pregón. El verde, vinculado al olivo y a la tierra; y el amarillo, asociado por el pregonero a la luz y a una institución abierta al mundo.
La Tuna tendría además un papel destacado al término del pregón, cuando la palabra dejó paso a las guitarras, bandurrias, voces y canciones dedicadas a San Roque.

La cinta verde de la esperanza
La tercera cinta fue íntegramente verde y estuvo dedicada a la vida, los enfermos y la esperanza.
Armijo habló sin idealizaciones de la enfermedad, de los análisis, la incertidumbre y las dificultades que afectan no solamente al paciente, sino a todo su entorno familiar.
En ese contexto defendió la fe no como una solución mágica, sino como un apoyo ante la adversidad, sin olvidar el papel de la medicina.
El pregonero convirtió este pasaje en una petición a San Roque por todos los enfermos de Lopera y tuvo un recuerdo especialmente personal para su amigo Martín, al que dirigió públicamente unas palabras de afecto.
Un homenaje a la mujer loperana
Una de las cintas más significativas tuvo nombre de mujer.
Armijo rindió homenaje a las mujeres de Lopera por su papel en la conservación y transmisión de la fe, las costumbres y la devoción a San Roque. Habló de abuelas, madres, esposas e hijas y de generaciones que, muchas veces desde un segundo plano, han sostenido familias y tradiciones.
El pregonero dedicó una atención especial a las mujeres que han llevado y llevan a San Roque sobre sus hombros. Bajo las andas del patrón, explicó, no camina solamente la mujer que en ese momento soporta su peso, sino también las generaciones que la precedieron.
Así, la presencia femenina quedó retratada como uno de los pilares sobre los que se ha construido la continuidad de la devoción sanroqueña en Lopera.
El olivar, las raíces de un pueblo
El paisaje de Lopera tampoco podía faltar.
Otra cinta condujo el pregón hasta el olivo y el campo, convertidos en metáfora de las raíces del municipio. Armijo describió ese horizonte verde grisáceo y los árboles que han contemplado el paso de generaciones, guerras, periodos de paz, sequías, heladas y temporales.
El olivo fue utilizado como símbolo de paciencia, resistencia y arraigo.
El pregonero recordó asimismo a quienes aprendieron en el campo el valor del trabajo, del compañerismo y de la palabra dada, pero introdujo también una referencia a las dificultades del sector, los precios y la necesidad de que los jornaleros puedan reclamar mejoras.
Campo y fe aparecieron unidos en este capítulo. Las cosechas, las miradas al cielo y las peticiones a San Roque, San Isidro y la Inmaculada forman parte, según trasladó, de una misma memoria popular.

La infancia, donde comienza la devoción
La última de las grandes cintas estuvo dedicada a los niños.
"Nadie llega a querer a San Roque por obligación", defendió Armijo. Para el pregonero, esa devoción comienza cuando alguien, normalmente dentro de la familia, enseña al niño a acercarse al patrón.
Evocó entonces los agostos de la infancia: la ropa preparada sobre la cama, los zapatos nuevos, los nervios, las calles engalanadas, la música y la expectación ante la llegada de los días grandes.
Los niños, explicó, aprenden observando. Ven al abuelo descubrirse ante el santo, a la madre emocionarse o al padre lanzar un viva a San Roque. Son gestos sencillos que terminan transmitiendo una tradición mucho antes de que los pequeños sean capaces de comprender todo su significado.
De esta forma, el pregón miró también al futuro y a quienes tendrán la responsabilidad de mantener vivas las fiestas patronales durante las próximas generaciones.
Las cintas de una capa convertidas en las cintas de Lopera
En la recta final, Juan José Armijo reunió simbólicamente todas las cintas que había ido desplegando durante su intervención.
Ya no eran únicamente las cintas de su capa. Eran, en palabras y sentimientos, las cintas de Lopera ofrecidas a San Roque: fortaleza, tradición, esperanza, familia, recuerdos, música y raíces.
El pregonero confesó el orgullo de sentirse hijo de esta tierra pese a no haber nacido en ella y cerró imaginando que, cuando algún día su voz calle, San Roque saldrá a su encuentro para devolverle la capa y hacer nuevamente volar sus cintas.

"Aquí hubo un tuno que por agosto dejó hecho su camino para cantarle a San Roque, por siempre santo peregrino", proclamó antes de cerrar su intervención con el tradicional "he dicho".
La respuesta inmediata del público, con aplausos y voces de "¡bravo!", dio paso a la música de la Tuna y a nuevos vivas a San Roque y a Lopera.
El acto concluyó recordando que la Cofradía ha querido modificar este año el desarrollo de las celebraciones para colocar el pregón como verdadero comienzo de las fiestas. Tras la intervención de Juan José Armijo Montesinos y la actuación musical se dio paso al traslado de San Roque, iniciando así unos días en los que Lopera volverá a encontrarse con una de sus devociones y tradiciones más arraigadas.
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