Pirotecnia bajo debate: tradición frente a salud y bienestar en el Alto Guadalquivir

El Alto Guadalquivir ha limitado el uso de pirotecnia para proteger la salud de personas sensibles y el bienestar de los animales, fomentando celebraciones más inclusivas

02 de enero de 2026 a las 09:50h
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Los animales son, sin duda, uno de los colectivos más afectados por el uso de la pirotecnia
Los animales son, sin duda, uno de los colectivos más afectados por el uso de la pirotecnia

La pirotecnia ha sido durante décadas una parte habitual de las celebraciones populares: fiestas patronales, Navidad, fin de año o eventos deportivos. Sin embargo, en los últimos años se ha intensificado el debate social sobre su uso debido a los riesgos que supone para la salud de las personas y el bienestar de los animales, especialmente para aquellos colectivos con sensibilidad sensorial.

Este debate no es ajeno a la comarca del Alto Guadalquivir, donde varios ayuntamientos han comenzado a prohibir o restringir el uso de petardos y fuegos artificiales en espacios públicos, atendiendo a una demanda ciudadana cada vez más visible.

Un problema de ruido y salud

El principal foco de controversia de la pirotecnia tradicional es el ruido extremo e imprevisible que genera. Para muchas personas, estos sonidos son simplemente molestos; para otras, pueden convertirse en una auténtica fuente de angustia.

Personas con trastorno del espectro autista (TEA), hipersensibilidad auditiva, ansiedad, bebés o personas mayores pueden sufrir episodios de estrés intenso, crisis nerviosas o desorientación ante explosiones repentinas. Asociaciones de familias y colectivos sociales llevan años alertando de que este tipo de estímulos puede resultar excluyente para una parte de la población.

A ello se suman los riesgos físicos: cada año se registran accidentes por quemaduras, incendios o mal uso de material pirotécnico, especialmente cuando se emplea sin supervisión profesional.

El impacto en los animales

Los animales son, sin duda, uno de los colectivos más afectados. Perros, gatos y otros animales domésticos poseen un oído mucho más sensible que el humano, por lo que los petardos pueden provocarles pánico, desorientación o intentos de huida que terminan en lesiones o pérdidas.

La fauna silvestre tampoco queda al margen: aves y otros animales pueden abandonar nidos, desorientarse o sufrir episodios de estrés severo. Veterinarios y protectoras de animales de la comarca han señalado en repetidas ocasiones el aumento de consultas y avisos durante las fechas con mayor uso de pirotecnia.

Medidas en el Alto Guadalquivir

Ante esta situación, varios ayuntamientos del Alto Guadalquivir han optado por limitar o prohibir el uso de pirotecnia recreativa, especialmente la de carácter ruidoso y no autorizada. Estas medidas suelen incluir:

  • Prohibición del uso de petardos en la vía pública sin permiso municipal.
  • Restricciones horarias y de zonas sensibles, como alrededores de centros de salud, residencias de mayores o zonas con alta presencia de animales.
  • Campañas de concienciación dirigidas a fomentar celebraciones responsables.

Desde los consistorios se insiste en que estas decisiones no buscan acabar con las tradiciones, sino adaptarlas a una realidad social más diversa y consciente, en la que la convivencia y el respeto ocupan un papel central.

Tradición y alternativas

Lejos de eliminar la celebración, muchas administraciones están apostando por alternativas menos ruidosas, como la pirotecnia de bajo impacto sonoro o espectáculos visuales con luces y tecnología. Estas opciones permiten mantener el componente festivo sin generar los perjuicios asociados al ruido.

El debate sobre la pirotecnia refleja un cambio de mentalidad: cada vez más vecinos y vecinas del Alto Guadalquivir reclaman fiestas inclusivas, donde nadie —ni personas ni animales— quede excluido del disfrute colectivo.

Un cambio impulsado por la ciudadanía

La creciente regulación responde, en gran medida, a la presión social y al diálogo entre ayuntamientos, asociaciones vecinales, protectoras de animales y familias afectadas. La comarca se suma así a una tendencia que se extiende por toda España: celebrar, sí, pero con responsabilidad y empatía.

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