En los últimos meses, el término “therian” ha comenzado a sonar con fuerza en redes sociales y entre adolescentes, generando curiosidad, preocupación y debate en distintos ámbitos educativos y familiares. Se trata de personas que afirman identificarse de forma profunda con un animal concreto, adoptando comportamientos, estética o símbolos asociados a esa especie.
El fenómeno, que tiene su origen en comunidades online internacionales, ha alcanzado gran difusión a través de plataformas como TikTok, donde abundan vídeos de usuarios con máscaras, colas artificiales o movimientos inspirados en animales, especialmente cánidos y felinos. Para quienes forman parte de esta subcultura, no se trata de un juego, sino de una forma de expresar su identidad o conexión emocional con la naturaleza.

Expertos en psicología y educación señalan que, en la mayoría de los casos, esta conducta se enmarca dentro de la búsqueda de identidad propia durante la adolescencia, una etapa en la que los jóvenes experimentan con distintas formas de expresión personal. También destacan la influencia de las comunidades digitales, donde estos contenidos se difunden rápidamente y generan sensación de pertenencia.
Algunos centros educativos en España han comenzado a abordar la cuestión desde una perspectiva pedagógica, apostando por la información y el diálogo para evitar estigmatización o conflictos entre alumnos. El objetivo es comprender el fenómeno sin fomentar conductas de riesgo ni situaciones de acoso escolar.
Más allá de la polémica puntual, los especialistas coinciden en que el movimiento therian no constituye un trastorno ni una condición médica reconocida, sino una subcultura minoritaria surgida en internet que puede adoptar diferentes formas según cada persona.
Aunque su presencia sigue siendo limitada, la visibilidad creciente del fenómeno refleja el impacto de las redes sociales en la construcción de identidades juveniles y plantea nuevos retos para familias, educadores y sociedad en general.