Hoy se cumple un año del gran apagón que paralizó España el 28 de abril de 2025, una incidencia eléctrica sin precedentes que dejó sin suministro a millones de personas y que también golpeó de lleno a la provincia de Córdoba. En la comarca del Alto Guadalquivir, como en el resto del territorio, la jornada se vivió entre la incertidumbre, la falta de comunicaciones y el esfuerzo de los servicios de emergencia y de los ayuntamientos por recuperar la normalidad.
En la provincia, el corte se prolongó durante horas y el suministro no volvió al mismo ritmo en todos los municipios: mientras algunos puntos de Córdoba capital recuperaron la luz en la madrugada, hubo zonas del sur provincial que llegaron a pasar 24 horas sin electricidad. En el Valle del Guadalquivir, la reposición también fue escalonada y, según el balance publicado entonces, la recuperación en áreas como Villafranca y El Carpio se fue completando ya avanzado el martes 29 de abril.
El apagón afectó a la rutina diaria de toda la comarca. Comercios, gasolineras, oficinas, centros educativos y servicios básicos quedaron condicionados por la falta de electricidad, mientras muchos vecinos recurrieron a soluciones improvisadas para poder conservar alimentos, comunicarse o desplazarse. La caída del sistema también alteró el tráfico, el transporte ferroviario y la actividad económica, con un impacto que los expertos han cifrado después en una merma temporal para la economía nacional.
Aquel episodio puso de relieve la dependencia energética de la vida cotidiana y la importancia de los protocolos de emergencia. En Andalucía, las autoridades fueron desactivando progresivamente la situación de emergencia cuando el suministro comenzó a normalizarse, aunque el recuerdo de aquella jornada siguió muy presente en municipios del Alto Guadalquivir, donde la electricidad tardó más en regresar en algunas zonas.
Un año después, el apagón continúa como una de las jornadas más extraordinarias vividas en la comarca y en el conjunto del país. La experiencia dejó una lección compartida: la necesidad de reforzar la prevención, mejorar la respuesta ante crisis y contar con recursos suficientes para que un fallo de esta magnitud no vuelva a paralizar la vida de tantos vecinos.