Han pasado unos días desde los fuertes terremotos que han golpeado Venezuela, pero la emoción sigue intacta. Maty habla despacio, con la voz quebrada y alguna lágrima que se escapa al recordar aquellas horas de incertidumbre en las que no sabía si sus tres hijos y sus padres seguían con vida.
Todo comenzó de forma inesperada. A miles de kilómetros de distancia, una simple llamada familiar se convirtió en el recuerdo más angustioso de su vida.
"Estaba hablando con mi mamá. Eran las seis de la tarde allí y, de repente, escuché a mi hermana gritar: '¡Mamá, corre, corre!'. Era el primer temblor. Salieron todos corriendo de la casa", recuerda Maty. La conversación continuó apenas unos segundos más.
"Seguimos hablando unos veinte segundos y después se cortó la comunicación. Ahí fue cuando llegó el segundo terremoto. Desde ese momento ya no pude volver a comunicarme con ellos."
Mientras en Venezuela caía la noche entre el miedo y el caos, en España comenzaba una larga madrugada de desesperación para miles de venezolanos como ella.
"Aquí eran las doce de la noche. Cuando amaneció y me fui a trabajar, estaba viendo las noticias sin dejar de llamar a todo el mundo. No podía contactar con mi hijo de 17 años, que vive en Caracas. Tampoco con mi mamá, que está en otro estado y también resultó afectado."

Afortunadamente, con el paso de las horas, Maty pudo contactar con una vecina que consiguió darle un respiro. "Me dijo que mi hijo mayor estaba bien y ahí respiré un poco". A través de ella también conoció, desde la distancia, la situación de su país.
"No tiene palabras para describir lo que ha pasado. Las muertes, la destrucción... Me hablaba llorando. Nosotras aquí estamos con la impotencia de no poder hacer nada", asegura.
Con el paso de las horas, y gracias a otros seres conocidos pudo saber, para su tranquilidad, que sus padres, sus otros dos hijos y familiares también se encuentran bien. Sin embargo, la falta de comunicaciones le impide conocer la situación del resto de personas allegadas y su pensamiento sigue estando con sus compatriotas.
"Siento el dolor de una madre que perdió a su hijo. El dolor de los hijos que han perdido a sus padres. Aunque no estemos allí, sentimos el mismo dolor porque no podemos ayudar, no podemos abrazarlos, no podemos hacer nada."
Con la emoción todavía presente, Maty lanza un mensaje de pésame a todas las familias que han sufrido pérdidas y recuerda que, aunque el terremoto ocurrió al otro lado del Atlántico, el miedo también se sintió en muchos hogares de España. Especialmente entre los miles de venezolanos que viven en nuestro país y que sufrieron la tragedia desde la distancia.
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Desde España, aquellas personas que lo deseen pueden prestar ayuda a Venezuela. Dichas ayudas pueden llevarse a cabo a través de organizaciones humanitarias especializadas que ya están trabajando en la zona, como Acción contra el Hambre, Cáritas, Cruz Roja o UNICEF España.