Adamuz vivió ayer domingo una de esas noches que difícilmente se olvidan. Centenares de personas llenaron la Plaza de la Iglesia de San Andrés para escuchar a Diana Navarro, que llegó al municipio con una idea muy clara: cantar, pero también agradecer. Y así lo hizo durante una actuación marcada por la emoción, la cercanía y el recuerdo de lo ocurrido tras el descarrilamiento del pasado 18 de enero.
Entre el público se encontraban también miembros de la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento de Adamuz, beneficiaria de la recaudación del concierto. Para ellos y para todo el municipio estaba dedicada una actuación que la cantante quiso plantear desde el primer momento como un gesto de cariño.
Diana Navarro apareció sobre el escenario con un elegante vestido blanco, largo y de brillo sutil, que destacaba bajo la iluminación azul del escenario, con el piano de cola al fondo. La artista comenzó el concierto con temas espirituales, antes de detenerse para explicar al público qué la había llevado hasta Adamuz y por qué había querido que aquella noche comenzara desde un lugar tan personal.
"Yo tenía la necesidad de venir a conoceros, a daros las gracias", explicó ante una plaza que escuchaba en silencio. La cantante reconoció que la respuesta de los vecinos después de la tragedia la había conmovido profundamente.
"Lo que este pueblo hizo a mí me conmovió, de tal manera que quise hacer algo y lo único que podía hacer era regalaros mi voz, y es lo que he venido a hacer esta noche", señaló.
La cantante quiso poner en valor la manera en la que Adamuz reaccionó ante lo ocurrido. Para Navarro, aquella respuesta fue mucho más que un gesto puntual de solidaridad.
"Hicisteis una cosa extraordinaria que fue enseñarle al resto del mundo cómo hay que ser", afirmó, antes de explicar que ayudar a quien está al lado debería ser algo normal, aunque no siempre sea así.
La artista malagueña, que explicó que es cristiana, quiso comenzar precisamente desde la espiritualidad, dejando claro que su mensaje no estaba reservado a quienes comparten sus creencias. "Simplemente es tener la fe y, sobre todo, la fe en lo buena gente que sois y que lo habéis demostrado", dijo.
Después de ese primer momento, la artista se presentó ante el público como la cantante que todos conocen y comenzó a recorrer parte de su repertorio. El ambiente cambió, aunque la emoción continuó siendo una constante durante toda la actuación.
Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con su interpretación del Padre Nuestro en una versión propia que recogieron las cámaras de Beconet Noticias y TV. La Plaza de la Iglesia de San Andrés quedó entonces en silencio para escuchar una de las actuaciones más íntimas de la noche, antes de responder con un largo aplauso.
La respuesta estuvo a la altura. Centenares de personas acompañaron a la cantante durante la noche y convirtieron la Plaza de la Iglesia de San Andrés en el escenario de un encuentro en el que la música volvió a unir a todo un pueblo, regalando una cita que perdurará en el recuerdo de todas las personas que estuvieron presentes.
Entre los asistentes, los miembros de la asociación siguieron de cerca una actuación que tenía también una dimensión muy personal para quienes continúan viviendo las consecuencias del descarrilamiento.
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