Mientras miles de niños disfrutan del verano sin preocuparse por el calor, el agua o la atención sanitaria, para otros la llegada de julio supone una oportunidad única para alejarse, aunque solo sea durante unas semanas, de una realidad muy distinta. Son los menores que cada año llegan desde los campamentos de refugiados saharaui, gracias al programa 'Vacaciones en Paz' del que forma parte la Asociación Cordobesa de Amistad con los Niños y Niñas Saharauis (ACANSA).
Este verano, 131 niños y niñas han sido acogidos por familias de 30 municipios de la provincia de Córdoba, entre ellos varios del Alto Guadalquivir, donde cada año hay vecinos que deciden abrir las puertas de sus hogares para ofrecerles un verano diferente.
Uno de los puntos de encuentro de esas familias ha sido Villa del Río, que ha acogido una nueva jornada de convivencia organizada junto a ACANSA. La piscina municipal ha reunido este jueves a alrededor de medio centenar de personas entre menores y familias de acogida, en una jornada marcada por el ocio, la convivencia y el intercambio cultural.
Pero detrás de ese encuentro hay historias que hablan de solidaridad y de vínculos que se fortalecen con el paso de los años. "Me da pena no haberlo hecho antes". María Wenceslá, vecina de Villa del Río, conoce bien lo que significa formar parte de este programa. Este verano cumple cuatro años acogiendo a una niña saharaui y dos veranos con su hermana pequeña, dos menores que cada julio cambian el desierto por el Alto Guadalquivir.

Niñas saharauis en la piscina de Villa del Río.
"La experiencia es muy enriquecedora. Yo animo a mucha gente a que colabore", asegura. La decisión llevaba tiempo rondándole la cabeza. "Desde pequeña siempre tuve la curiosidad de acoger a un niño saharaui. Cuando falleció mi padre decidimos dar el paso. Me da pena no haberlo hecho antes, porque es una experiencia súper bonita."
"Yo animaría a cualquier familia a hacerlo. Al final recibes mucho más de lo que das"
Mucho más que unas vacaciones
Aunque el nombre del programa haga pensar únicamente en unas vacaciones, su finalidad va mucho más allá. La primera prioridad cuando los menores llegan a España es su atención sanitaria. Durante su estancia pasan revisiones médicas, controles, análisis y reciben las vacunas o tratamientos que puedan necesitar.
"Lo primero es la sanidad para ellas: revisiones, vacunación, análisis de sangre... Esa es la principal prioridad cuando vienen", explica María. Después llega algo tan sencillo como disfrutar de una piscina, jugar con otros niños o dormir sin soportar las extremas temperaturas del desierto. "Aquí es otro mundo. Allí llegan a los 50 grados, tienen problemas de agua... Lo material es lo de menos, porque ellas disfrutan con muy poco. Lo importante es sacarlas durante un tiempo de esa realidad."
María recomienda la experiencia sin lugar a dudas: "Yo animaría a cualquier familia a hacerlo. Al final recibes mucho más de lo que das".

Un gesto de solidaridad más allá del verano
Cuando termina julio y agosto, el trabajo no se detiene. Detrás de Vacaciones en Paz hay una labor que se prolonga durante todo el año y que va mucho más allá de la acogida de menores durante el verano.
Así lo explica Beatriz Sánchez, técnica de ACANSA, que destaca que la asociación mantiene varios proyectos humanitarios dirigidos a mejorar las condiciones de vida en los campamentos de refugiados saharauis. "Además de 'Vacaciones en Paz', desarrollamos la 'Caravana por la Paz', con la que enviamos refuerzo alimentario a los campamentos, y las comisiones médicas, que prestan asistencia en materia bucodental y auditiva", señala. A esas iniciativas se suman otras que han permitido impulsar programas de alfabetización digital para docentes saharauis, reforzar la atención a matronas o facilitar equipamiento deportivo.
"La mayoría de las familias repiten. Cuando el niño o la niña se marcha, lo que empieza es una cuenta atrás hasta el siguiente reencuentro"
Pero si hay algo que, después de más de tres décadas vinculada al programa, sigue emocionando a Sánchez es la respuesta de las familias. "Abren las puertas de su casa, pero también las de su corazón", resume. Un vínculo que, asegura, rara vez termina cuando los menores regresan al desierto. "La mayoría de las familias repiten. Cuando el niño o la niña se marcha, lo que empieza es una cuenta atrás hasta el siguiente reencuentro."
Esa cuenta atrás resume el espíritu de un programa que va mucho más allá de ofrecer unas vacaciones. En el Alto Guadalquivir, la solidaridad también tiene nombre y apellidos: el de cada una de las personas que, con un gesto, logran cambiar el verano —y, en muchos casos, la vida— de un niño. Quienes lo viven desde dentro coinciden en una idea: la acogida no solo transforma a los menores que llegan desde los campamentos saharauis, sino también a las familias que deciden abrirles las puertas de su hogar.

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