Un proyecto que adquiere especial importancia para una comarca cuyo abastecimiento depende históricamente de este sistema
El embalse de Martín Gonzalo, en Montoro, será durante los próximos años algo más que una reserva de agua para el Alto Guadalquivir. La Universidad de Córdoba (UCO) y la Empresa Provincial de Aguas de Córdoba (Emproacsa) lo han incluido entre los cuatro embalses seleccionados para desarrollar un sistema capaz de anticipar cómo puede evolucionar la calidad del agua y adaptar con tiempo su tratamiento para consumo humano.
El proyecto estudiará también los pantanos de Iznájar, Puente Nuevo y Sierra Boyera, pero la presencia de Martín Gonzalo tiene una relevancia especial para nuestra comarca. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir identifica este sistema como el encargado de abastecer a la zona oriental de la provincia, con unos 44.200 habitantes y una demanda aproximada de cuatro hectómetros cúbicos anuales.
No se trata solo de saber cuánta agua hay
La investigación va mucho más allá del habitual seguimiento del porcentaje de llenado de los pantanos.
Los investigadores estudiarán primero las cuencas que alimentan cada embalse, teniendo en cuenta aspectos como la climatología, los usos del suelo, las características del terreno o los cauces por los que llega el agua. Posteriormente se tomarán muestras y se analizará lo que ocurre dentro del propio pantano: la distribución del agua a diferentes profundidades, su estratificación, los procesos de mezcla y sus características físicas, químicas y biológicas.
Con todos esos datos se pretende desarrollar modelos que permitan simular escenarios futuros y detectar con antelación cambios que puedan complicar la potabilización.
En una última fase, los resultados obtenidos se trasladarán directamente a las estaciones de tratamiento de agua potable para estudiar cómo responden los actuales sistemas de tratamiento ante cada tipo de agua.
El proyecto contempla incluso la utilización de inteligencia artificial y tecnologías como ultrafiltración, nanofiltración, ósmosis inversa parcial o procesos avanzados de oxidación. El convenio tiene inicialmente una duración de un año y podrá prolongarse hasta cuatro.
Martín Gonzalo, una infraestructura especialmente sensible para la comarca
La elección del pantano montoreño no resulta menor. El abastecimiento del Alto Guadalquivir ha dependido históricamente de Martín Gonzalo y los episodios de sequía de los últimos años dejaron clara la vulnerabilidad de disponer prácticamente de una única fuente de suministro.
Durante la sequía de 2022 y 2023 el volumen útil del embalse llegó a situarse por debajo de los dos hectómetros cúbicos, lo que obligó a acometer actuaciones de emergencia. La CHG invirtió entonces 1,9 millones de euros en habilitar una captación alternativa desde el Guadalquivir, reducir pérdidas en la presa, mejorar la toma del embalse y construir en la ETAP de Montoro un depósito de agua bruta de 7.500 metros cúbicos.
A ello se suma otro proyecto estratégico actualmente en marcha: la creación de un abastecimiento alternativo mediante una conducción entre el embalse del Arenoso y la ETAP de Montoro.
La Confederación formalizó este año el contrato para redactar ese proyecto, mientras que la futura ejecución de las obras está estimada por el organismo de cuenca en más de cinco millones de euros. La alternativa estudiada desde El Arenoso plantea una conducción de aproximadamente 7,8 kilómetros hasta enlazar con el sistema que lleva el agua hacia la potabilizadora de Montoro.
Cerca de 44.000 personas dependen del sistema
La dimensión real de Martín Gonzalo se entiende mejor cuando se observa el territorio al que presta servicio.
Una concesión publicada oficialmente por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir recoge el abastecimiento desde este embalse para Adamuz, Bujalance, Cañete de las Torres, El Carpio, Montoro, Pedro Abad, Villa del Río y Villafranca de Córdoba, además de Algallarín, con un volumen solicitado de hasta 4,08 millones de metros cúbicos anuales.
Es decir, lo que suceda en las aguas de Martín Gonzalo tiene una relación directa con buena parte de los hogares del Alto Guadalquivir.
Del control del agua a intentar anticiparse
Hasta ahora gran parte de la información pública sobre los embalses se ha centrado inevitablemente en sus reservas. Sin embargo, disponer de agua suficiente no resuelve por sí solo todos los retos del abastecimiento.
La temperatura, las lluvias intensas, los periodos prolongados de sequía, los sedimentos o los procesos naturales que se producen dentro de un embalse pueden modificar las características del agua que finalmente llega a una estación potabilizadora.
El nuevo proyecto de la UCO y Emproacsa pretende precisamente dar ese salto: pasar de reaccionar cuando cambian las condiciones del agua a intentar conocer esos cambios antes de que se produzcan.
Para el Alto Guadalquivir, la inclusión de Martín Gonzalo convierte además a la comarca en uno de los escenarios donde se ensayará una nueva forma de gestionar un recurso básico.
Y en un territorio que durante los últimos años ha comprobado de primera mano la importancia de garantizar su abastecimiento, conocer mejor qué ocurre dentro de su principal embalse puede ser tan importante como conocer cada semana cuánta agua contiene.
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