Hace un año, la DANA de Valencia dejó barrios devastados y miles de personas afectadas. Desde todas partes de España una cadena humana de solidaridad recorrió el país para limpiar, rescatar y devolver esperanza. La comarca del Alto Guadalquivir no quedó impasible y también los vecinos hicieron todo lo que estuvieron en su mano para ayudar.
La DANA de Valencia 2024: una tragedia que unió provincias
El 29 de octubre de 2024, una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) azotó con fuerza la provincia de Valencia. En pocas horas, las lluvias torrenciales anegaron calles, garajes y viviendas, dejando a miles de personas incomunicadas, con graves pérdidas materiales y desgraciadamene, 229 personas fallecidas.
Sin embargo, mientras el agua seguía subiendo, también crecía la solidaridad ciudadana. En la provincia de Córdoba, especialmente en los pueblos del Alto Guadalquivir, las redes sociales se llenaron de iniciativas para enviar ayuda.
Los municipios cordobeses que se volcaron con Valencia
La respuesta de toda la comarca fue inmediata. Los ayuntamientos habilitaron puntos de recogida de alimentos, ropa y productos de limpieza, mientras decenas de vecinos se ofrecían como voluntarios.
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Adamuz envió efectivos del INFOCA para tareas de achique y logística.
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Bujalance organizó una recogida masiva de donaciones y un grupo de voluntarios que viajó hasta Valencia.
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En Cañete de las Torres, El Carpio y Montoro, se reunieron herramientas, mantas y alimentos para los damnificados.
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Pedro Abad, Villafranca de Córdoba y Villa del Río enviaron camiones y hasta 18 palés con enseres y materiales de limpieza.
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Lopera, aunque pertenece a Jaén, se sumó a la iniciativa como municipio hermano, demostrando la unión entre comarcas vecinas.
Estas acciones no solo aportaron recursos materiales, sino también esperanza y acompañamiento en uno de los momentos más duros para la comunidad valenciana.
El viaje desde Bujalance: palas, barro y humanidad
El caso de Bujalance se convirtió en símbolo de la solidaridad espontánea. Un grupo de vecinos decidió actuar tras ver las imágenes del desastre.
“Veíamos tantos vídeos que se nos comía la cabeza. Tenía unos días libres y decidí irme para allá”, nos cuenta uno de los voluntarios que se desplazaron hasta la zona de la catastrofe.
Sin apenas planificación, cargaron un coche y un carrito con herramientas, alimentos y productos de higiene. “El maletero iba lleno. Tuvimos que echar cosas hasta a mano”, recordaban.
Al llegar a Sedaví (Valencia), la magnitud del desastre los sobrecogió: calles convertidas en ríos de barro, coches amontonados y viviendas irreconocibles. Aun así, se pusieron manos a la obra: descargaron camiones, limpiaron garajes y ayudaron a ancianos atrapados en sus casas.

El trabajo sobre el terreno: limpiar para devolver la vida
Durante los días siguientes, los voluntarios bujalanceños trabajaron sin descanso. “Aquello era como una guerra. Oscuro, sin luz, con un olor insoportable. Las linternas de cabeza fueron nuestra salvación.”
Su esfuerzo se centró en limpiar sótanos, locales y garajes, muchos de ellos con más de un metro de lodo acumulado. Además, ayudaron a descargar palés de alimentos e higiene personal para los vecinos afectados.
El grupo destaca el papel de los jóvenes voluntarios llegados de toda España: “Me he quedado sorprendido con la gente joven. Muchos vinieron sin pertenecer a ninguna organización, simplemente a ayudar.”
Agradecimiento y aprendizaje
La acogida de los valencianos fue inolvidable. “Nos trataron como héroes”, cuentan. Las familias locales les ofrecieron techo, comida y gratitud. Uno de los momentos más emotivos fue cuando un joven voluntario vio la magnitud de la catástrofe: “¿Esto es verdad? —preguntó—. No podía creerlo.”
Al despedirse, los cordobeses dejaron calles limpias y garajes transitables. “Dejamos aquello en perfecto estado. Ya podían meter sus coches y volver a sus casas.” Pese al trabajo realizado, reconocen que la reconstrucción llevará tiempo: “Hace falta maquinaria y mucha mano de obra. Son muchísimas casas destrozadas.”
Un legado de unión que perdura un año después
Un año después de la DANA de Valencia 2024, los pueblos cordobeses del Alto Guadalquivir siguen recordando aquella lección de humanidad: que la solidaridad no entiende de fronteras ni de distancias.