Alberto Redondo: “No basta con conservar una especie si no puede mantener sus comportamientos naturales”

El biólogo, profesor de Zoología y realizador de documentales será uno de los protagonistas de la segunda jornada de la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río, dedicada al audiovisual de naturaleza.

24 de septiembre de 2026 a las 11:44h
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Doctor en Biología, profesor de Zoología de la Universidad de Córdoba y autor de más de sesenta documentales. Foto, galería personal.
Doctor en Biología, profesor de Zoología de la Universidad de Córdoba y autor de más de sesenta documentales. Foto, galería personal.

Redondo defiende el cine como una poderosa herramienta para acercar la ciencia a la sociedad, despertar emociones y enseñar a valorar una biodiversidad que muchas veces permanece desconocida incluso cuando está al lado de casa.

Para Alberto José Redondo, una buena película de naturaleza es mucho más que una sucesión de imágenes espectaculares. Es ciencia, narrativa, fotografía, música y emoción trabajando al mismo tiempo para conseguir algo especialmente difícil: que el espectador no solo comprenda lo que está viendo, sino que llegue a sentir que merece la pena conservarlo.

Esa será una de las miradas que llegarán el próximo sábado 3 de octubre a la segunda jornada de la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río, centrada en esta ocasión en el poder del audiovisual como herramienta de conocimiento y transformación social.

Doctor en Biología, profesor de Zoología de la Universidad de Córdoba y autor de más de sesenta documentales, Redondo tiene claro que el cine científico posee una capacidad comunicativa difícil de igualar porque reúne diferentes lenguajes en una misma obra.

“Integra distintas disciplinas artísticas y comunicativas para crear un producto capaz de llegar a lo más profundo de nuestras emociones”.

Para el realizador, esa capacidad resulta especialmente importante cuando se pretende sensibilizar sobre el medio ambiente. Su motivación, explica, tiene además una dimensión personal: contribuir a que las generaciones futuras, incluidos sus propios hijos, puedan disfrutar de un mundo mejor que el recibido.

El reto de divulgar en la época de la inmediatez

Redondo reconoce, sin embargo, que nunca habíamos tenido tantas imágenes a nuestro alcance y eso no significa necesariamente que conozcamos mejor la naturaleza.

Las redes sociales y el consumo rápido de contenidos plantean, a su juicio, uno de los grandes desafíos actuales para quienes intentan contar historias que necesitan tiempo y atención. El problema es especialmente relevante entre los jóvenes, precisamente el público al que considera más importante llegar.

Su fórmula pasa por tres conceptos: calidad, veracidad y emoción.

La historia tiene que ser atractiva, pero siempre construida sobre una base científica sólida. Después entran en juego las imágenes, el montaje, el sonido y todos los recursos cinematográficos necesarios para conseguir que el espectador quiera seguir mirando.

“Hay que crear un producto de alta calidad que enamore, que toque la fibra del espectador y que deje una huella perdurable”.

Y precisamente uno de sus objetivos en Villa del Río será conquistar también a quienes habitualmente no consumen documentales de naturaleza. Redondo considera que si consigue despertar la curiosidad de alguien que inicialmente no estaba interesado en este género, buena parte de la misión divulgativa estará cumplida.

Una cámara permite ver lo que nuestros ojos no pueden

Una de las ideas más interesantes de su intervención tiene que ver con aquello que una cámara puede aportar al conocimiento científico.

Los animales silvestres modifican muchas veces su conducta ante la presencia humana. El documental permite trabajar de otra manera y registrar comportamientos íntimos o excepcionales que difícilmente podrían observarse durante una simple salida al campo.

Pero Redondo introduce además una reflexión menos habitual cuando se habla de conservación: no basta con mantener el número de individuos de una especie.

“Una especie no podemos decir que se ha conservado si no puede mantener sus pautas de conducta naturales”, explica.

Conservar implica, por tanto, proteger también el espacio y las condiciones que permiten a los animales alimentarse, reproducirse, relacionarse o desarrollar los comportamientos que forman parte de su biología. Y precisamente ahí la cámara se convierte en una extraordinaria herramienta para mostrar y explicar aquello que normalmente permanece oculto.

Ciencia rigurosa sin renunciar a emocionar

¿Cómo hacer comprensible la ciencia sin deformarla para conseguir una historia más espectacular?

Para Redondo, buena parte de la respuesta está en el guion. En numerosas ocasiones sale al campo con la historia ya escrita, apoyada previamente en publicaciones científicas.

Hay además una línea que procura no cruzar: la humanización de los animales.

No le interesa atribuirles emociones o intenciones humanas para construir un relato más fácil. Prefiere partir de lo que la ciencia conoce realmente sobre su comportamiento y encontrar después la manera de convertir ese conocimiento en una narración accesible.

El desafío consiste precisamente en conseguir que el rigor no esté reñido con la emoción.

“Hallar ese equilibrio entre la precisión científica y la capacidad de emocionar es la parte más bonita de mi trabajo”.

Tres años para conseguir unos segundos

El espectador contempla finalmente una secuencia perfecta de apenas unos segundos. Lo que no ve son las jornadas completas esperando dentro de un escondite o los intentos fallidos que pueden prolongarse durante años.

Redondo recuerda haber regresado durante tres años consecutivos al mismo lugar para conseguir una toma concreta.

La filmación de fauna requiere entrar en un hide antes del amanecer, permanecer allí hasta después de la puesta de sol para evitar molestar a los animales y, en ocasiones, inventar soluciones técnicas para colocar una cámara sin interferir en su comportamiento.

Curiosamente, reconoce que esa disciplina ha terminado transformándolo también personalmente.

“Siempre he sido una persona muy activa e impaciente”, explica, pero esas jornadas interminables de espera le enseñaron una paciencia que considera inseparable de su profesión.

El método, asegura, tiene mucho en común con la propia investigación científica: prueba, error, ilusión y empeño.

La naturaleza extraordinaria que tenemos al lado

Uno de los grandes proyectos de su trayectoria es Fauna Ibérica, una serie que considera un sueño personal cumplido. 

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Presentando Fauna Ibérica en 2023. Seis documentales de gran calidad técnica y rigurosidad que pretenden mostrar aspectos desconocidos de la fauna ibérica. Foto, galería personal.

Redondo reconoce en Félix Rodríguez de la Fuente una de las figuras que despertaron su vocación. Más de cuatro décadas después, poder realizar una nueva serie dedicada a mostrar la biodiversidad de toda la Península Ibérica, desde pequeños insectos hasta grandes cetáceos, supone para él un privilegio. 

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Fotograma de la serie, Fauna Ibérica, de Alberto Redondo.

Y detrás de ese proyecto aparece una idea que conecta especialmente bien con el objetivo de la Bienal y con un territorio como el Alto Guadalquivir, no solo porque el rodaje de Fauna Ibérica pasara por nuestras localidades cercanas de Montoro, Adamuz, Villafranca y Villa del Río, sino porque no hace falta viajar a África o a espacios remotos para encontrar historias extraordinarias. El propio comienzo de Fauna Ibérica muestra el comportamiento de unas hormigas esclavistas de Sierra Nevada que atacan otros hormigueros.

“Lo cercano no siempre es conocido”.

Ese es precisamente uno de sus objetivos: lograr que el espectador descubra y termine enamorándose de la riqueza natural que tiene al lado de casa. La serie puede verse además actualmente en abierto en RTVE Play, donde permanecerá disponible hasta 2032.

Divulgar también es devolver la ciencia a la sociedad

Su otra gran vertiente profesional está directamente relacionada con la Universidad.

Con Descubriendo el comportamiento animal, Redondo trasladó a pequeños documentales investigaciones científicas relacionadas con la etología. Artículos académicos y trabajos de investigadores nacionales e internacionales se convierten así en historias visuales de cinco o siete minutos comprensibles para cualquier espectador.

Aquí aparece otra de las ideas más contundentes de la conversación: la divulgación no es únicamente una opción, sino también una responsabilidad.

Buena parte de la investigación se desarrolla en centros públicos y termina publicada en revistas especializadas que difícilmente llegan al ciudadano que, en última instancia, contribuye a financiar ese conocimiento.

Por ello considera que el científico tiene también el deber de devolver a la sociedad aquello que ha aprendido.

“Divulgar el comportamiento animal es una herramienta para educar en el respeto hacia las especies y tender puentes entre la universidad y la sociedad”.

Un nuevo viaje alrededor del mundo

Y su cámara ya tiene un próximo destino.

Alberto Redondo acaba de comenzar el rodaje de Caballos Vol. 2, continuación de un primer largometraje al que dedicó tres años recorriendo los cinco continentes y que recibió diferentes reconocimientos internacionales.

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"Caballo" fue rodada durante tres años en los cinco continentes.

El nuevo documental volverá a explorar la relación entre el ser humano y el caballo, un animal que, recuerda, ha acompañado nuestra historia desde la antigüedad y ha desempeñado un papel esencial en el desarrollo de las sociedades.

El proyecto está concebido directamente para la gran pantalla, con estreno previsto en 2028.

Y aunque buena parte de sus producciones terminan en televisión o plataformas digitales, Redondo reivindica algo que ninguna pantalla doméstica consigue reproducir completamente: encontrarse personalmente con los espectadores después de una película, escuchar sus impresiones y compartir la conversación.

Quizá ese mismo espíritu explique bien lo que pretende conseguir en Villa del Río el próximo 3 de octubre: utilizar las imágenes para hablar de ciencia, pero terminar hablando cara a cara con las personas.

La participación de Alberto Redondo en la segunda jornada de la I Bienal de Medio Ambiente de Villa del Río permitirá acercarse a una forma de divulgación donde investigación y cine no compiten entre sí. Se complementan.

Porque conocer la naturaleza requiere ciencia. Pero conseguir que la sociedad quiera conocerla y protegerla exige también saber contarla.

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Sobre el autor
Óscar H. Falagán
Óscar H. Falagán

Fotógrafo, videógrafo, gestor de medios gráficos y contenidos audiovisuales.

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