La restauración de María Santísima del Campo Coronada ha permitido recuperar mucho más que el aspecto de la Patrona de Cañete de las Torres. Bajo las distintas intervenciones realizadas a lo largo del tiempo permanecían elementos que han aportado nuevos datos sobre la historia de la imagen, entre ellos una policromía anterior, diferencias entre sus dos manos y una antigua peana fechada en 1861.
El proceso fue presentado este jueves, 3 de septiembre, en el salón de actos de Caja Rural de Cañete de las Torres por el equipo de restauración, encabezado por Marina Ruiz, junto a José Carlos Rubio Valverde. La conferencia permitió conocer el trabajo desarrollado sobre la imagen y, sobre todo, algunos de los descubrimientos que fueron apareciendo a medida que avanzaba la intervención.
Una mano que podría haber sobrevivido a 1936
Uno de los hallazgos más llamativos afecta a las manos de la Virgen. El estudio permitió comprobar que la derecha y la izquierda presentan diferencias tanto en la madera como en el peso, la ejecución y las capas pictóricas.
La mano derecha presenta una factura más natural y una policromía más delicada, mientras que la izquierda resulta más rígida y está realizada con una madera diferente y de mayor peso. También las policromías encontradas bajo las capas superficiales presentan características distintas.
José Carlos Rubio explicó durante la conferencia que inicialmente se mostró escéptico ante una tradición oral conservada en la Cofradía, según la cual, junto a la cabeza de la imagen destruida durante la Guerra Civil, podría haberse salvado también una de sus manos.
Sin embargo, el estudio de las piezas le ha llevado a cambiar de opinión. "Yo creo que sí. Que esa mano derecha es la original y que la mano izquierda, como estaba enseñando Marina, que es de diferente madera, es de menor peso y de menor calidad de madera, es posterior", señaló.
La conclusión se mantiene, en todo caso, como una hipótesis fundamentada en el estudio material de la imagen y en la tradición histórica transmitida por la Cofradía, pero abre una posibilidad de enorme interés para conocer qué elementos pudieron sobrevivir a la destrucción de 1936.
Un rostro que permanecía oculto bajo varias capas
Otro de los grandes descubrimientos apareció durante las primeras catas realizadas sobre el rostro. Bajo la policromía más reciente apareció una carnación anterior, mucho más rosada y delicada, que se conservaba aproximadamente entre un 80 y un 83 %.
Los restauradores comprobaron además que las cejas tenían originalmente una disposición más natural y alejada del entrecejo y que el nacimiento del cabello era diferente. Bajo una de las capas apareció incluso un ojo de color azul, posteriormente enmascarado para igualarlo al otro ojo marrón.

La comparación con fotografías antiguas, especialmente con imágenes anteriores a las restauraciones de los años ochenta, resultó determinante para decidir qué elementos recuperar.
El objetivo no fue crear un rostro diferente, sino retirar aquellas intervenciones posteriores que ocultaban elementos anteriores. La policromía recuperada permitió devolver a la Virgen una expresión que los especialistas consideran más próxima a la que conocieron generaciones anteriores de cañeteros.
También se modificaron las pestañas. Las anteriores, más densas y rígidas, fueron sustituidas por otras mucho más discretas, colocadas pelo a pelo.
Seis angelotes con importantes problemas estructurales
La intervención alcanzó también a los seis angelotes que acompañan a la Virgen. En este caso, el trabajo comenzó con una limpieza química destinada a retirar la suciedad superficial y el ennegrecimiento acumulado con el paso del tiempo, pero también fue necesario actuar sobre importantes problemas estructurales.
Algunas de las pequeñas figuras presentaban grietas profundas e incluso estaban partidas prácticamente de arriba abajo. En intervenciones anteriores se habían utilizado las denominadas lañas, elementos similares a grapas que mantenían unidas algunas de las piezas.
El equipo retiró esas sujeciones, consolidó las maderas y empleó chuletas de madera para cerrar las grietas. Se trata de pequeñas piezas que se introducen en las fendas, se encolan y posteriormente se cortan y enrasan para devolver estabilidad a la madera y evitar que vuelva a abrirse.
Las alas fracturadas también fueron encoladas y reparadas. Además, José Carlos Rubio intervino directamente sobre los dedos de los angelotes, muchos de ellos muy deteriorados y con pérdidas importantes.
Para su reconstrucción se utilizó madera de cedro, posteriormente tallada con especial precisión debido al reducido tamaño de estas piezas. Después fueron estucadas y preparadas para su reintegración cromática.
"Los deditos de los Ángeles habían perdido bastante", explicó José Carlos Rubio durante la presentación, detallando que la madera de cedro fue tallada posteriormente "con una minuciosidad" acorde con el pequeño tamaño de las piezas.

Las nubes de los angelotes fueron también plateadas de nuevo con pan de plata. Los restauradores optaron por actuar sobre toda la superficie ante el deterioro general que presentaban, en lugar de limitarse a reparaciones puntuales.
La reintegración cromática se realizó a punta de pincel en las zonas donde se había perdido la policromía. Sin embargo, el equipo decidió mantener las diferencias de tonalidad existentes entre unas figuras y otras.
"Unos se ven más rosados, otros se ven más pálidos y esa irregularidad la hemos respetado", explicó Marina Ruiz. "El que salía más rosado ha salido más rosado y el que salía más anacarado lo hemos respetado".
La actuación, por tanto, no buscó uniformar artificialmente el conjunto, sino conservar las características que presentaba cada angelote.
En las alas, originalmente doradas mediante policromía y no con pan de oro, se mantuvo también esa técnica. Tras valorar inicialmente otras posibilidades, se optó por recuperar el acabado mediante una policromía dorada de calidad.
Una peana de 1861 que espera su turno
La investigación ha permitido poner también el foco sobre otra pieza de especial interés histórico: la peana o trono de la Virgen.
Los restauradores señalaron que la pieza coincide con la representada en una antigua litografía de 1887 y está fechada en 1861, por lo que constituye uno de los elementos históricos conservados más antiguos relacionados directamente con la imagen.
Su restauración no se incluyó en el proyecto actual para evitar ampliar excesivamente la intervención. El equipo considera, no obstante, que necesita una actuación futura, ya que presenta un estado estructural delicado. Precisamente por ello, la Cofradía no la utiliza actualmente en las salidas de la Virgen.
Un nuevo sistema de articulaciones para ganar seguridad
Los trabajos también han permitido sustituir las antiguas articulaciones de los brazos por un nuevo sistema realizado principalmente con madera de cedro y haya.
José Carlos Rubio explicó que la nueva solución permite una mayor movilidad y seguridad. El sistema anterior, debido a las dimensiones de la zona del codo y del brazo, limitaba la posibilidad de acercar los brazos de la Virgen al rostro.
Además, se ha respetado el sistema tradicional de anclaje de las manos mediante espigas de madera. Los restauradores evitaron así recurrir a elementos metálicos que, con el movimiento, pueden terminar dañando la madera.
"Hemos pretendido que tenga una mayor versatilidad el movimiento de las manos, de los brazos y además más seguridad", señaló Rubio.

El especialista explicó también que los problemas estructurales detectados en los angelotes estaban relacionados, entre otras cuestiones, con el estado de la madera. "Las maderas están excesivamente frescas", indicó, señalando que esa circunstancia favorece que se abran con los cambios de humedad y temperatura.
A ello se sumaba la escasa preparación existente bajo la capa pictórica, lo que contribuyó a explicar el deterioro estructural de algunas de las piezas.
Un peto de cuero para proteger la imagen
Durante el proceso surgió además una actuación que no estaba prevista inicialmente: la colocación de un peto de cuero para proteger el cuerpo de la Virgen durante las labores de vestido.
La pieza fue donada por Isabel Valverde, camarera y cofrade de la Virgen, y realizada por el artesano y profesor de la Escuela de Arte Mateo Inurria José Francisco Rodríguez. El patrón fue elaborado por Victoria Rubio, hija de José Carlos Rubio.
El peto permite proteger la imagen frente a los alfileres empleados durante el proceso de vestirla. Sobre esta cuestión, José Carlos Rubio explicó que el origen de este tipo de protección en las imágenes de candelero está precisamente en la dificultad de controlar hasta dónde llega un alfiler durante el vestido.
Las vendas utilizadas habitualmente protegen la imagen, pero el peto añade una barrera física que evita que los alfileres puedan alcanzar directamente la madera y la policromía.
El rostrillo también se adapta para evitar daños
Otra de las actuaciones estuvo relacionada con el rostrillo, con la colaboración del orfebre Emilio León, autor de la pieza en plata sobredorada realizada en 2011.
Durante las pruebas realizadas en el taller se estudió su colocación para reducir la presión sobre la frente de la Virgen. El objetivo era evitar el deterioro que puede producirse con el uso continuado del rostrillo y la corona.
El propio rostrillo fue adaptado para conseguir una forma más adecuada sobre la cabeza de la imagen y se incorporaron elementos destinados a funcionar como una especie de amortiguador, reduciendo el roce directo sobre la policromía.
La restauración ha incluido así numerosas actuaciones que van más allá de lo visible a primera vista y que tienen como finalidad proteger la imagen durante su uso futuro.
Una intervención integral
El candelero recibió también un tratamiento específico. Se realizaron pruebas para recuperar el tono azulado que presentaba originalmente y se intervino sobre la base, que recuperó un tono tabaco después de comprobar mediante catas que había pasado anteriormente por otras tonalidades.
Las nuevas articulaciones, los sistemas de anclaje, el candelero, los angelotes y los elementos de protección forman parte de una intervención cuyo objetivo no ha sido únicamente mejorar el aspecto de la imagen, sino garantizar su conservación y facilitar su manipulación en el futuro.

Marina Ruiz insistió en que el proyecto todavía no ha terminado completamente. Queda por redactar la memoria técnica final, en la que se recogerá todo el trabajo realizado y se incorporará también un protocolo de mantenimiento dirigido a las camareras, vestidores y personas encargadas del cuidado de la imagen.
Entre las recomendaciones se encuentra evitar colocar anillos directamente en los dedos de la Virgen, ya que esta práctica puede deteriorar la policromía, así como prestar especial atención a la colocación del rostrillo y la corona.
Para la limpieza habitual, la restauradora fue clara: "Con un plumero, no hay que pasarle paños húmedos ni nada. Con un plumero. Ya está. No necesita más".
El polvo superficial, explicó, quedará sobre la superficie y el barniz impedirá que penetre. "Y mucho amor, darle mucho amor", añadió Ruiz al referirse al mantenimiento de la imagen.
"No estamos restaurando solamente una imagen"
La dimensión sentimental y devocional estuvo muy presente durante toda la conferencia.
El hermano mayor de la Cofradía, Rafael Carlos Relaño Valverde, abrió el acto agradeciendo el apoyo institucional que ha permitido hacer realidad una restauración económicamente difícil de asumir para la Hermandad. La Diputación de Córdoba financió el 80 % de la intervención, con una aportación de 17.572,10 euros, mientras que el Ayuntamiento de Cañete de las Torres asumió el 20 % restante.
El alcalde de Cañete de las Torres, Félix Romero, cerró el encuentro alejándose del discurso estrictamente institucional para hablar del vínculo de los vecinos con su Patrona.
Romero recordó su primera visita al taller de restauración y comparó la escena con un quirófano: la Virgen recostada, bajo una intensa luz de trabajo, mientras los restauradores intervenían sobre ella.
"A mí, Marina, me pareció una sala de quirófano, literalmente", relató el alcalde. "Tú estabas con una bata blanca. Allí había una Virgen tendida, cubierta, semicubierta, y una luz blanca muy fría encima".

Pero fue otra idea la que terminó marcando su intervención. "No estamos restaurando solamente una imagen", afirmó.
Para Romero, detrás de la madera, la policromía y los pigmentos se encuentran "los anhelos de un pueblo, las enfermedades de un pueblo, las ilusiones de un pueblo" y una devoción que ha pasado de generación en generación.
El alcalde quiso además poner el acento en que la aportación municipal no debe entenderse únicamente como una decisión de una institución. "Cuando el Ayuntamiento pone dinero, pone el dinero el pueblo, por lo tanto lo ponen todos los vecinos de Cañete", defendió.
En ese sentido, subrayó que la restauración supone también entregar esa devoción a quienes vendrán después. "No solamente estamos restaurando mirando de hoy hacia atrás. Estamos entregando la devoción de un pueblo a los que vendrán detrás de nosotros".
Restaurar también es conservar la memoria
Marina Ruiz resumió durante la conferencia la filosofía que ha guiado todo el proceso: restaurar no significa borrar el paso del tiempo.
"Tenemos que pensar que restaurar no es borrar el tiempo", explicó. Se trata de comprender las huellas que conserva una pieza y decidir qué debe permanecer y qué debe recuperarse para hacer posible su conservación y transmisión.
La restauradora defendió además el valor del patrimonio cofrade como parte del patrimonio cultural. "El patrimonio cofrade es nuestro patrimonio cultural también", señaló, reivindicando que este tipo de bienes no debe quedar relegado por su carácter popular.
La restauración de la Virgen del Campo ha permitido recuperar así no solo elementos materiales, sino también parte de la memoria asociada a la imagen. Una mano que podría haber sobrevivido a la destrucción de 1936, una policromía que permaneció oculta durante décadas, una peana de 1861 que todavía espera una futura intervención y un rostro cuya expresión vuelve a acercarse a la que conocieron generaciones anteriores.
La propia Marina Ruiz resumió el sentido de conservar con una idea que estuvo presente durante toda la presentación: "Lo que no se conoce, pues no se valora y lo que no se valora, pues no se cuida. ¿Y qué pasa si no se cuida? Que no se conserva. Por tanto, ¿qué pasa? Que se pierde".
La intervención deja ahora una imagen renovada y, al mismo tiempo, un conocimiento mucho mayor sobre su historia. Pero, por encima de la madera, la policromía o las técnicas empleadas, permanece aquello que ha permitido que la imagen siga formando parte de la vida de Cañete de las Torres durante generaciones: la devoción por María Santísima del Campo Coronada.
Además, la documentación audiovisual realizada por BECONET TV permitirá conservar el proceso para el futuro. Las imágenes más sensibles de la intervención no formarán parte de la versión televisiva, pero el material completo quedará como documentación para el archivo de la Hermandad, de manera que pueda servir también a investigadores, cofrades y futuras generaciones.
La restauración, por tanto, no solo devuelve a los cañeteros a su Patrona. También deja documentado un capítulo de su historia.
Añadir Beconet Noticias como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.