Hay costumbres que no necesitan ser explicadas porque forman parte de la vida de un pueblo. En Cañete de las Torres, la devoción por la Virgen del Campo se aprende desde pequeños, se vive en familia y vuelve a hacerse visible cada 8 de septiembre, cuando los cañeteros acompañan a su Patrona en el camino hacia la Ermita de Madre de Dios.
Anoche volvieron a hacerlo. Generaciones enteras compartieron las calles, desde quienes llevan décadas siguiendo a la Virgen hasta los más pequeños que comienzan ahora a conocer una tradición que sus padres y abuelos recibieron, a su vez, de quienes estuvieron antes.
Cañete se había preparado para la ocasión. Las calles engalanadas, los vecinos esperando el paso de la Patrona y el ambiente que rodeaba la procesión dibujaron una de esas noches que tienen un significado especial para quienes viven estas fechas desde siempre. La celebración tiene su parte festiva, pero también conserva ese carácter de recogimiento y respeto que acompaña a una devoción profundamente arraigada.

Durante el recorrido, la Banda de Música Tubamirum puso música al caminar de la Virgen. Uno de los momentos más especiales se produjo junto al monumento, donde la Rondalla y Coro de Don Nicolás Crespo interpretó «Reina Divina», dejando una de las estampas más emotivas de la noche.
La procesión tuvo también una parada especialmente significativa ante el Ayuntamiento, la casa de todos los cañeteros. Allí, la Alcaldesa Perpetua de la Villa fue recibida por el alcalde, Félix Romero, y el Equipo de Gobierno.
Entre quienes quisieron acompañarla estuvo también Manuel Quintana, joven promesa del toreo y con profundas raíces familiares en Cañete de las Torres, que compartió junto a la Patrona uno de los momentos del recorrido.
Una tradición que no se pierde
Y así, entre música, devoción y el acompañamiento de los vecinos, la Virgen del Campo continuó su camino hasta su ermita. Una escena que se repite año tras año, pero que nunca es exactamente igual, porque quienes la acompañan cambian y las nuevas generaciones van ocupando el lugar de quienes antes recorrían esas mismas calles.
Al final de la noche, los fuegos artificiales iluminaron el cielo de Cañete, poniendo el punto final a una jornada que volvió a reunir al pueblo alrededor de su Patrona.

La Virgen regresó a la Ermita de Madre de Dios, pero quedó de nuevo en las calles el sentimiento de un pueblo que mantiene viva una tradición que viene de lejos.
Al final, los fuegos artificiales iluminaron el cielo y pusieron el punto final a una noche que volvió a dejar claro que hay tradiciones capaces de reunir a un pueblo entero. La devoción a la Virgen del Campo es una de ellas.
Año tras año, generación tras generación, la Patrona vuelve a emprender el camino hacia su ermita. Y así seguirá siendo. Porque para Cañete de las Torres, acompañar a la Virgen del Campo no es solamente una tradición: es una forma de mantener vivo el vínculo con quienes estuvieron antes y de transmitirlo a quienes vendrán después.
Una Virgen que vuelve a su ermita, pero que permanece siempre cerca de los cañeteros, velando por su pueblo y formando parte de una historia que continúa escribiéndose con el paso de las generaciones.

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