Han pasado ya varias semanas desde que Alba Navarro Melendo recibió, en pleno viaje de fin de curso, la noticia de que había logrado un 12,847 en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Tras el reconocimiento recibido por parte del Ayuntamiento de Villa del Río y con los preparativos para comenzar su nueva etapa universitaria prácticamente cerrados, la joven mira atrás con tranquilidad y recuerda todo lo que ha habido detrás de una nota que es el reflejo de meses de esfuerzo.
"Ya estoy más tranquila. He disfrutado del viaje de fin de curso, ya tengo piso y he hecho la matrícula para la universidad. Ahora es cuando realmente estoy asimilando todo lo que ha pasado", explica.
Aunque su calificación la sitúa entre los mejores expedientes de la comarca, reconoce que al salir de los exámenes confiaba incluso en obtener unas décimas más. Aun así, asegura sentirse muy satisfecha con el resultado conseguido.
Lo que sí tenía claro era que quería dedicar su futuro profesional al ámbito sanitario. Una vocación que nació durante la pandemia y que fue evolucionando con el paso del tiempo.
"Con todo lo que pasó durante el COVID pensé que quería estudiar Medicina. Después fui descubriendo el campo quirúrgico y me llamó mucho la atención la neurología. Mi objetivo siempre ha sido la neurocirugía", afirma. Finalmente cursará Enfermería en la Universidad de Córdoba, una carrera que afronta "con muchas ganas" y convencida de que le abrirá numerosas oportunidades.
Más allá de la nota: el esfuerzo que nadie ve
Detrás del 12,847 hay también muchas renuncias. Alba reconoce que durante los meses previos a la PAU tuvo que dejar en un segundo plano buena parte de su vida personal. "He renunciado a salir con mis amigos muchas veces. Incluso cuando mis padres se iban un fin de semana de viaje, yo prefería quedarme en casa estudiando", recuerda.
El tiempo tampoco le permitió mantener algunas de sus aficiones. "Tuve que dejar las clases de pintura porque no me daba tiempo. También dejé de ir a algunos ensayos de la banda porque tenía que priorizar los estudios", explica.
Curiosamente, las asignaturas que más disfrutaba eran precisamente las consideradas más complicadas."Biología, Química o Matemáticas tenían mucho contenido, pero me gustaban. La que más pesada se me hizo fue Lengua", reconoce.
Ahora, el siguiente reto será adaptarse a una nueva vida lejos de casa. La ilusión por empezar la universidad convive con el respeto que supone abandonar por primera vez el hogar familiar. "Me hace mucha ilusión independizarme un poco, pero también me da miedo no ver a mis padres todos los días. Además, el primer curso es bastante general y no sabes muy bien qué te vas a encontrar", señala.
Fuera de los estudios, Alba se define como una persona curiosa y muy inquieta. Le apasionan la pintura, la música, el deporte, el cine y viajar. "Siempre intento aprender cosas nuevas. Cuando termino una, ya estoy pensando en la siguiente", comenta entre risas.
Con la experiencia aún reciente, también lanza un mensaje de tranquilidad a los estudiantes que afrontarán la PAU en los próximos cursos. "Al final es un examen más. Puede salir mejor o peor, pero si no es a la primera, siempre hay otra oportunidad. Y también aconsejo no tener un único objetivo. Hay muchas carreras dentro del ámbito sanitario y muchos caminos para llegar a donde uno quiere", concluye.
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