Bernabé Alcázar Sánchez, Diego Jándula Arenas, Gaspar Moreno Moreno y Benito Moyano Delgado tendrán desde este sábado un lugar en las calles de Villa del Río. Sus nombres quedarán grabados en cuatro Stolpersteine que se instalarán a las 12:00 horas en la Plaza de la Constitución para recordar a cuatro vecinos que fueron deportados a campos de concentración nazis.
Bernabé murió asesinado en Mauthausen. Gaspar murió en Dachau. Diego y Benito sobrevivieron y fueron liberados. Sus destinos fueron diferentes, pero los cuatro quedaron unidos por una misma historia de persecución y deportación que durante décadas apenas tuvo espacio en la memoria pública del municipio.
La iniciativa parte de la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine, cuya presidenta, Cristina García Sarasa, lleva años trabajando en la recuperación de la historia de los españoles deportados a los campos nazis. Hace aproximadamente dos años se puso en contacto con el Ayuntamiento de Villa del Río para plantear la instalación de las placas, siguiendo el camino emprendido por otras localidades andaluzas.
En Villa del Río, la investigación que permitió recuperar estas cuatro historias tiene un nombre propio: Juan Molleja. En 2005 publicó en la revista de la Feria de Villa del Río un trabajo sobre los prisioneros villarrenses en los campos nazis. Aquella investigación permitió conocer la existencia de estos vecinos y abrió también la puerta para que algunas familias comenzaran a reconstruir una parte de su historia que había permanecido durante décadas en silencio.
Cuatro villarrenses frente al fascismo
Las cuatro Stolpersteine recuerdan destinos diferentes dentro del sistema concentracionario nazi. Bernabé fue asesinado en Mauthausen, Austria, mientras que Gaspar murió en Dachau. Diego y Benito sobrevivieron a su paso por los campos y fueron liberados.
La historia de estos cuatro vecinos permite acercar a Villa del Río las consecuencias que los fascismos europeos tuvieron también sobre españoles. La relación entre España y las potencias fascistas fue directa durante la Guerra Civil. La Legión Cóndor alemana participó en el bombardeo de Guernica y la aviación alemana e italiana intervino en los ataques contra la población civil que huía desde Málaga hacia Almería durante la Desbandá.

Pero para encontrar las consecuencias de aquella época no hace falta acudir únicamente a los grandes episodios de la historia. Basta con mirar a un municipio como Villa del Río.
Cuatro de sus vecinos fueron deportados a los campos nazis. Sus historias forman parte de la de miles de españoles que terminaron en el sistema concentracionario nazi después de la Guerra Civil y durante la Segunda Guerra Mundial.
El homenaje recupera también el contexto político en el que se desarrollaron aquellas vidas: la defensa de la República y el enfrentamiento con los fascismos que se extendieron por Europa.
Mauthausen y la deportación de los republicanos españoles
Mauthausen fue uno de los principales campos de concentración del sistema nazi y uno de los principales destinos de los republicanos españoles. Alrededor de 7.500 españoles fueron deportados a Mauthausen y a su complejo de campos, y más de 5.000 murieron en el sistema concentracionario nazi. El campo fue liberado por las tropas estadounidenses el 5 de mayo de 1945.
Los republicanos españoles fueron identificados en Mauthausen con el triángulo azul que señalaba su condición de apátridas. Muchos habían llegado a Francia después de la Guerra Civil y, tras la ocupación alemana, fueron capturados y deportados.
En Córdoba, la investigación de la Asociación Triángulo Azul Stolpersteine cifra en 353 los cordobeses deportados a los campos de concentración nazis, situando a la provincia como la tercera de España con mayor número de deportados, después de Barcelona y Tarragona.
Es el contexto en el que deben situarse los cuatro nombres que este sábado quedarán grabados en la Plaza de la Constitución.
No eran números, eran personas
Las Stolpersteine son pequeñas placas de memoria creadas por el artista alemán Gunter Demnig. Se colocan en el espacio público para recordar individualmente a las víctimas del nazismo y se han extendido por numerosos países europeos.
La idea parte de un principio sencillo: recuperar la identidad de cada persona. Frente a un sistema que convirtió a sus víctimas en categorías y números, las placas devuelven a las calles sus nombres y apellidos.
Cristina García considera que los deportados no deben ser recordados únicamente como víctimas. También reivindica su condición de personas que se enfrentaron al totalitarismo y defendieron unos valores democráticos.
En los distintos homenajes organizados por la asociación han participado familiares procedentes de Estados Unidos, Francia, Austria y otros países. En Villa del Río también estarán presentes familiares llegados desde Francia.
Una historia familiar que rompe el silencio
En el coloquio celebrado en Villa del Río estuvo presente Manuela Jándula Estepa, descendiente de Diego Jándula. Su testimonio permitió acercar la historia de los deportados a la experiencia de las familias.
Entre lágrimas, Manuela explicó lo que significa para ella que su tío abuelo sea reconocido públicamente en su pueblo. Su primer contacto con aquella parte de la historia familiar llegó precisamente a través del trabajo publicado por Juan Molleja en 2005.
Hasta entonces, sus padres y los familiares mayores nunca habían hablado de Diego.
El miedo y la represión que se prolongaron durante décadas en España hicieron que muchas familias evitaran hablar de determinados familiares, de sus ideas políticas o de su participación en la defensa de la República.
Para muchos descendientes, recuperar ahora esas historias supone también reconstruir una parte de su propia identidad familiar.
Cristina García señala que uno de los efectos más importantes de estos homenajes se produce precisamente entre los familiares de mayor edad que vivieron aquella represión. Conocer la historia de sus antepasados permite también comprender el contexto en el que tomaron sus decisiones y las consecuencias que tuvieron.
Una memoria que también mira al presente
Cristina García y Manuela Jándula coinciden en la importancia de que estas historias lleguen a las nuevas generaciones.
El objetivo del homenaje no se limita a recordar qué ocurrió con cuatro vecinos de Villa del Río. También pretende explicar qué sucedió cuando los fascismos y los totalitarismos persiguieron a personas por sus ideas, su origen o su condición.
Jesús Morales incide en la necesidad de abordar esta parte de la historia con naturalidad y sin considerarla algo ajeno. Los cuatro villarrenses permiten explicar cómo los acontecimientos europeos del siglo XX tuvieron consecuencias directas en familias del municipio.
Detrás de cada placa hay también una historia familiar: personas que esperaron, que preguntaron y que durante décadas no supieron exactamente qué había ocurrido con sus seres queridos.
Pronunciar sus nombres
Cuando las cuatro Stolpersteine queden instaladas en la Plaza de la Constitución, Villa del Río contará con un lugar permanente para recordar a Bernabé, Diego, Gaspar y Benito.
Cristina García hace un llamamiento sencillo a quienes pasen delante de las placas: detenerse, leer el nombre y repetirlo.
Más de ocho décadas después, sus nombres quedarán vinculados de nuevo al lugar del que procedían.
Bernabé Alcázar Sánchez, Diego Jándula Arenas, Gaspar Moreno Moreno y Benito Moyano Delgado. Dos murieron en los campos nazis. Dos sobrevivieron.
Este sábado, sus historias pasarán a formar parte también del espacio público de Villa del Río.
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