Nuevos datos sobre el accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido el pasado 18 de enero, refuerzan la hipótesis de un fallo en la infraestructura. La Guardia Civil ha confirmado en su último informe que la vía ya presentaba una rotura el día anterior al siniestro, aunque el sistema de control no generó ninguna alerta.
Según el atestado remitido al juzgado de instrucción de Montoro, la anomalía se registró el 17 de enero a las 21:46 horas, cuando el sistema detectó una caída de tensión “compatible con una fractura del carril o de la soldadura”. Sin embargo, esa señal no activó ningún aviso automático.
Un fallo sin aviso previo
Los investigadores concluyen que el sistema de señalización no estaba configurado para alertar de este tipo de incidencias, debido a la “falta de fiabilidad” del método en esa infraestructura. En concreto, el sistema solo genera alarma si la tensión cae por debajo de un umbral determinado, algo que no ocurrió en este caso.
Esto significa que, aunque el daño en la vía ya existía, no llegó a conocimiento del personal de mantenimiento, lo que impidió actuar a tiempo.
La principal hipótesis: rotura del carril
El informe descarta de forma clara otras posibles causas como sabotaje, terrorismo o error de los maquinistas. De hecho, se han tomado declaración a 19 conductores de trenes que circularon por ese tramo ese mismo día y ninguno detectó incidencias relevantes, salvo un caso puntual que habló de un golpe.
Así, la investigación se centra ahora en determinar si fue la rotura del carril o de la soldadura la que originó el descarrilamiento, sin que por el momento se haya podido establecer cuál fue el origen exacto.
15 segundos clave en la tragedia
Las cajas negras del tren ya habían revelado que solo pasaron 15 segundos entre el descarrilamiento y el choque, lo que evidencia la imposibilidad de reacción por parte del maquinista y la rapidez con la que se desencadenó el accidente.
Además, las inspecciones realizadas en otros trenes que circularon por la zona han detectado muescas compatibles con daños en la vía, lo que refuerza la hipótesis de un deterioro previo.
Un fallo técnico bajo lupa
El informe también pone el foco en el sistema de mantenimiento y supervisión de la infraestructura ferroviaria, ya que, aunque estaba previsto que pudiera detectar fracturas, no se exigió su configuración para emitir alertas automáticas.
Por su parte, desde el gestor ferroviario se insiste en que la variación detectada en la tensión podría deberse a distintas causas y que estos sistemas no están diseñados específicamente para detectar roturas de carril, sino para identificar la presencia de trenes en la vía.
Una investigación abierta
Con estos nuevos datos, la investigación judicial sigue avanzando para esclarecer completamente las causas de uno de los accidentes ferroviarios más graves de los últimos años, que dejó 46 víctimas mortales y conmocionó a toda la comarca del Alto Guadalquivir.
Mientras tanto, crece la presión social e institucional para depurar responsabilidades y mejorar los sistemas de seguridad que eviten que un fallo técnico sin alerta vuelva a tener consecuencias tan devastadoras.