En menos de una semana, varias zonas de España han registrado incidentes ferroviarios que han puesto de manifiesto distintas deficiencias y situaciones de riesgo sobre la red ferroviaria, desde heridos leves en Cartagena hasta un fatal descarrilamiento en la red de Rodalies en Cataluña, enmarcados en un contexto que sigue marcado por la tragedia del accidente de alta velocidad en Adamuz (Córdoba).
En la mañana del jueves 22 de enero de 2026, un tren de pasajeros de vía estrecha (FEVE) que circulaba en la ruta Cartagena‑Los Nietos sufrió un impacto contra una grúa que invadía el gálibo de la vía en la pedanía de Alumbres, en Cartagena (Región de Murcia). El tren no descarriló, pero el impacto provocó la rotura de cristales en al menos un vagón y dejó sies pasajeros con heridas leves, que fueron atendidos por servicios sanitarios y bomberos desplazados al lugar. La grúa implicada no formaba parte de las obras ferroviarias habituales, y las autoridades investigan cómo ese equipo acabó invadiendo la vía.
Aunque el siniestro en Cartagena se saldó con heridos leves, se suma a una serie de incidentes más graves registrados en España en días recientes. El martes 20 de enero, un tren de la línea R4 de Rodalies en Cataluña, que circulaba entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), descarriló tras chocar contra un muro de contención que se había derrumbado sobre las vías, aparentemente por el efecto de las intensas lluvias registradas en la zona. En el accidente falleció un maquinista en prácticas de aproximadamente 28 años, natural de Sevilla, y al menos 37 personas resultaron heridas, cinco de ellas de gravedad, además de varios lesionados menos graves atendidos por los equipos de emergencia sanitarios.
El siniestro en Gelida obligó a suspender temporalmente el servicio de Rodalies en Cataluña mientras se inspeccionaba la red y se adoptaban medidas de seguridad. Las autoridades anunciaron la reanudación parcial del servicio en jornadas posteriores, aunque el retorno fue descrito como complejo por las propias administraciones, dado el impacto en la infraestructura y en la confianza de los usuarios.
Ambos incidentes se producen en un contexto crítico para la red ferroviaria española, marcada por el trágico accidente de alta velocidad en Adamuz (Córdoba) del 18 de enero, que dejó decenas de víctimas mortales y heridos, y que sigue siendo objeto de investigación y respuesta por parte de los servicios de emergencia y las autoridades.
La concentración de sucesos en menos de una semana ha generado un debate público y sectorial sobre las condiciones de la infraestructura ferroviaria, la planificación del mantenimiento y la necesidad de reforzar la seguridad en todas las líneas, tanto en las de alta velocidad como en las de cercanías y de vía estrecha, para evitar que incidentes de diversa gravedad vuelvan a repetirse en el futuro.