El pasado domingo 17 de mayo, los andaluces ejercieron su derecho a voto en las elecciones autonómicas. Más de seis millones de personas acudieron a las urnas para elegir a los nuevos miembros del Parlamento de Andalucía, en un proceso democrático que, a simple vista, otorgó el mismo peso a cada papeleta. Sin embargo, el sistema electoral introdujo matices importantes que hicieron que no todos los votos tuvieran exactamente el mismo valor.
Esta diferencia se explicó por el funcionamiento de la ley D'Hondt, el método de reparto de escaños aplicado en España. En el caso de Andalucía, este sistema provocó que el voto de un ciudadano tuviera mayor o menor influencia según la provincia en la que residía. Así, la distribución de escaños se realizó en base a una representación proporcional de los votos obtenidos por cada candidatura, aunque con efectos que beneficiaron a las formaciones más votadas y a las circunscripciones con menor población.
¿Qué es la ley D'Hondt?
Aunque popularmente se la conoce como “ley”, el método D'Hondt no fue una norma jurídica en sentido estricto, sino una fórmula matemática diseñada para asignar escaños en proporción a los votos obtenidos por cada candidatura. El sistema fue ideado en 1878 por el jurista belga Victor D'Hondt, que buscó una forma de traducir los resultados de las urnas en representación parlamentaria.
Con el paso del tiempo, el modelo se implantó en numerosos países europeos. España lo adoptó para las primeras elecciones democráticas de la actual etapa constitucional, tras la aprobación del Real Decreto-ley 20/1977 sobre Normas Electorales.

Así se aplicó el reparto de escaños en Andalucía
La aplicación de la ley D'Hondt en Andalucía implicó un proceso técnico más complejo que un simple recuento de votos. En primer lugar, solo participaron en el reparto de escaños aquellas candidaturas que superaron el 3 % de los votos válidos en cada circunscripción, incluyendo los votos en blanco. Este filtro dejó fuera a las fuerzas con menor respaldo electoral.
A partir de ahí, los votos obtenidos por cada partido se dividieron sucesivamente entre 1, 2, 3, 4 y así sucesivamente. Después, se seleccionaron las cifras más altas hasta completar el número de escaños disponibles en cada provincia. Cada vez que uno de esos resultados correspondió a una candidatura, esta obtuvo un diputado.
El sistema tendió a favorecer a las fuerzas políticas más votadas, especialmente en provincias con menor número de escaños, donde la proporcionalidad resultó más limitada. De este modo, en determinadas situaciones una candidatura con menos votos totales pudo lograr una representación similar o incluso superior a otra con mayor respaldo en términos absolutos.
En Andalucía, el territorio electoral se dividió en ocho circunscripciones, una por cada provincia, para repartir los 109 escaños del Parlamento autonómico. Cada provincia contó con un mínimo inicial de ocho diputados, mientras que el resto se distribuyó en función de la población. Esto hizo que provincias como Sevilla o Málaga concentraran más representantes que otras menos pobladas.

Así habría quedado el reparto de escaños con circunscripción única y el modelo “1 persona, 1 voto”
Los resultados de las elecciones andaluzas de 2026 también permiten hacer otra lectura política: cómo habría quedado el Parlamento si Andalucía contara con una circunscripción única autonómica y un sistema más proporcional basado en el principio de “1 persona, 1 voto”.
Con los datos globales de voto en toda Andalucía, el reparto de escaños habría sido notablemente diferente al actual sistema provincial aplicado mediante la ley D’Hondt. El principal beneficiado habría sido el PP, aunque perdiendo peso institucional respecto al modelo vigente: pasaría de 53 a 47 diputados, es decir, seis menos de los obtenidos oficialmente pese a seguir siendo la fuerza más votada con el 41,60% de los sufragios.
El PSOE también habría perdido representación. Con el 22,71% de los votos, los socialistas pasarían de 28 a 25 escaños. Vox, por su parte, mantendría exactamente los mismos 15 diputados con un 13,82% del voto autonómico.
Donde sí se producirían cambios importantes sería en las fuerzas minoritarias. Adelante Andalucía subiría de 8 a 11 parlamentarios, mientras que Por Andalucía crecería de 5 a 7 escaños. La candidatura SALF, que actualmente no tiene representación, lograría entrar en el Parlamento andaluz con 3 diputados gracias a su 2,53% del voto regional.
Incluso el voto en blanco tendría representación simbólica en la Cámara andaluza. Con un 0,97% de los sufragios, obtendría un escaño dentro de este sistema proporcional.
Reparto comparado de escaños
- PP: 53 → 47 (-6)
- PSOE: 28 → 25 (-3)
- Vox: 15 → 15 (=)
- Adelante Andalucía: 8 → 11 (+3)
- Por Andalucía: 5 → 7 (+2)
- SALF: 0 → 3 (+3)
- En blanco: 0 → 1 (+1)
En bloques ideológicos, la derecha seguiría manteniendo mayoría absoluta, aunque más ajustada. PP y Vox sumarían 65 diputados frente a los 68 actuales. La izquierda, en cambio, crecería de 41 a 43 representantes entre PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía.
El sistema actual reparte los escaños por provincias, otorgando un mínimo fijo de diputados a cada una, independientemente de su población. Esto provoca que el valor real del voto no sea idéntico en todo el territorio andaluz y favorece especialmente a las provincias menos pobladas y a los partidos más votados.
